(Revisitando el intelectualismo moral socrático)
Hace ya algún tiempo que quería decir un par de cosejas a cuenta de un neologismo que se puso de moda por parte de cierto sector de la política española, un sector al que me niego a nombrar para no darle más publicidad de la que merece. El término en cuestión es “buenismo”. Quienes han acuñado esta palabrita la emplean en tono despectivo con una ironía tan carente de elegancia, tan miserable moralmente hablando, que uno no puede por menos que sentirse tentado a darle finalmente la razón a Sócrates cuando nos dejó caer aquello de que quien actúa con maldad además es idiota. Cierto, sí, lo reconozco: me acabo de tomar una licencia bastante osada parafraseando a Sócrates quien, probablemente, no manifestara esa idea usando los mismas palabras que he utilizado yo… ¿aunque quién sabe…?; al fin y al cabo Sócrates no dejó nada escrito y mucho me temo que los “antibuenistas” ni son filósofos ni hermeneutas, por eso no los considero investidos de suficiente autoridad como para criticar mi iniciativa cuando interpreto al brillante pensador y pedagogo ateniense. Hecha esta imprescindible introducción, vamos al lío:
¿Qué significa “buenismo”? Más aún: ¿Qué demonios pretenden decir realmente aquellos cráneos privilegiados (como diría cierto personaje secundario de Valle Inclán) cuando usan eso de “el buenismo”? Para entender el despropósito pseudoirónico (no encuentro otro calificativo mejor) quizá nos venga bien acercarnos a él por la vía negativa: “buenismo” sería lo opuesto de “malismo”; creo que en esto podemos estar bastante de acuerdo. Pues estupendo… Según los “cráneo-privilegiados” aludidos más arriba, resulta que el malismo sería lo bueno, y el buenismo sería lo malo; o mejor, el malismo sería lo inteligente y el buenismo la memez… ¿es así, o no?. Desde esta perspectiva, estaría ocurriendo algo parecido a eso de “progre” (abreviatura de “progresista”, I presume…) cuyo antónimo sería entonces “regre” o “regresista”, oséase “aquel que prefiere ir hacia atrás”. Me dice mi tía Eduvigis que no, que eso del “buenismo” no va por ahí, que la ironía es bastante más sutil de lo que yo me figuro. Bueno, querida tía, quizá tengas razón… pero antes de abordar el planteamiento que intuyo me sugieres, me vas a permitir que vuelva a recurrir a Sócrates con osadía y atrevimiento.
Parece ser que el trasfondo no es que sea malo ser bueno, sino que lo malo es el buenismo (y fijaos: acabo de prescindir de las comillas); esto significa que si eres bueno, pero bueno de verdad, no puedes ser buenista. A lo mejor un poco malista sí; pero buenista, ¡ni de coña!. Decía Sócrates que nadie actúa mal (con maldad) a sabiendas; quien así lo hiciere lo haría por ignorancia. Veamos: No es normal amar a una mala persona (aunque, últimamente, vete tú a saber); a las malas personas se las teme pero no se las quiere. Tal y como yo lo veo es mejor ser querido que no serlo; es mejor ser amado que odiado (la tía Eduvigis me ruega que no sea tan extremista pero esta vez no pienso hacerle caso). En resumen: hace falta estar muy metido en eso del masoquismo para amar a una persona malvada que te roba, te extorsiona, te oprime, te reprime, te miente, te manipula, te viola, te asesina a ritmo lento o rápido, te pisotea, te trata como si fueras imbécil… vamos: todo eso que hacen los malvados, los monstruos… ¿En serio se puede amar a alguien así…? No sé vosotros, pero por mi parte prefiero a la gente bondadosa… incluso a quienes con buena voluntad y poco acierto tratan de mejorar la vida de los demás (la de la inmensa mayoría, de hecho) en vez de aprovecharse de ellos. Vamos… que me quedo con los buenistas. Que sí, que sí, tía Eduvigis, que ya voy con tu sugerencia, ya, ya va, yaaaa…
Los buenistas serían aquellos quienes pretenden hacer pasar como buenas acciones los desatinos, los disparates, y esto en el mejor de los casos… porque el buenismo también podría ser análogo a hipocresía; sería como ese “tíotomismo” de pacotilla (ocurrencia derivada de la expresión “tío Tom”) que pretende darnos gato por liebre haciendo pasar por bueno aquello que es más malo que la tiña testiculera. Buenismo vendría a ser cualquier manifestación trufada (o aparentemente trufada) de subversión anticapitalista o filocomunista cuyo resultado sería final e indefectiblemente la miseria, el paro, la inflación, la ruina de la nación-nacional el colapso del mercado… Buenismo sería el multiculturalismo, el feminismo, el ecologismo… todas esos ideales ilusos y nada pragmáticos que conducen al desastre. ¡Ya lo sé, tía Eduvigis, ya lo sé! Ya sé cuál es el trasfondo que subyace a la ironía despectiva practicada por quienes se mofan de los buenistas: El buenismo es malo, o bien porque es contra-natura (“ya sabe, amigo: ¡es el mercado!¡esa es la síntesis de la ley natural!”) o si no debido a que se sustenta sobre una serie de falacias. Porque ahora resulta que Sócrates estaba equivocado: Quien se comporta como un malvado no es tan malo en realidad (y menos aún ignorante); si lo hace es porque quiere ser un ganador, porque en esta selva cruel llamada sociedad humana no basta con sobrevivir: es preciso aniquilar a tus competidores, quedarte con la presa y con la carroña como buen (¿he escrito “buen”…?) depredador oportunista; ¿qué culpa tiene él de que Mamadú haya nacido en África central?¿acaso fue él quien le mandó a Ismarelda nacer mujer?¿quién en su sano juicio afearía su conducta si provoca una “miaja” de cambio climático por un poquito de CO2, cuando nos da trabajo en su fábrica bengalí o transmongoliana, y regala espejitos a los niños sioux-oguelalás (si es que queda aún alguno)?. ¡Ya vale con el buenismo, coño!.
Ser bueno a la manera socrática es ser un santurrón, un “tío-Tom”, un perdedor… Y al final-final-final-final del todo, el llamado “buenista” es un timador y el “buenismo” (vuelvo a las comillas) un camelo. El progre es un pedante que vive en la inopia o que ejerce como trilero con la misma maestría que Bernad Madoff… ¿O Madoff era también un antibuenista y me estoy haciendo la picha un lío…?. Bueno ¡Yo qué sé…! Sí me ha quedado clara una cosa: los tipos como el tal Sócrates son peligrosamente buenistas y cuanto antes se beban la cicuta, pues mejor… “Es el mercado, ¿sabe, amigo…? ¡El mercado!”.
Con cariño (y algo de mala leche esta vez)
TXESCO C.
¿Es malo ser bueno?