Buenos días, pequeña. Te escribo esta carta porque anoche tuve un sueño y la protagonista de ese sueño eras tú. Para ser del todo sincero debo decirte que, como suele ocurrir con todos los sueños, si se deja pasar tiempo estos empiezan a difuminarse y yo tendría que haberme puesto a tomar notas nada más despertar pero no lo he hecho, así que no puedo contarte demasiados detalles sobre esas imágenes oníricas. De lo que sí puedo hablarte es de sentimientos y de mi manera de ver las cosas… espero no aburrirte.
En mi sueño estaba muy claro que eras una niña, una chica… una mujer, vaya. Ha sido un poquito desconcertante porque primero te veía como a un bebé y luego te recuerdo ya como una señora entradita en años. Es lo que tiene esto de los Premios Nobel: que se suelen otorgar a personas de cierta edad… ¡Huy, perdona, qué tonto…! No te había dicho todavía que, en ese sueño, te concedían el premio Nobel, ¿sabes? No puedo chivarte en qué especialidad pues, como ya te he explicado, con el transcurrir de los minutos y las horas los sueños empiezan a deshilacharse igual que una nubecilla (la cual puede ser blanca o negra, lo mismo que los sueños) y se acaban perdiendo muchos detalles. Y como no sé cuál era esa modalidad me he tomado la licencia de imaginarme que recibías uno de estos dos: el de Literatura o el de la Paz que son mis preferidos. Siendo egoístas y puestos a elegir, mi verdadero deseo sería que te dieran el primero (los dos es casi imposible) pues me encanta leer; leer es una obsesión para mí, un vicio, acaso hasta algo patológico.
Si finalmente fuera el de Literatura me gustaría que la Comisión de la Academia Sueca hubiera tenido en cuenta no solo tu calidad y buen hacer como escritora sino también tu calidad como ser humano, tu compromiso por una humanidad y un mundo mejores. Verás: la Academia no siempre ha estado afortunada en sus elecciones; y menos atinados estuvieron aún, en muchas otras ocasiones, quienes se han venido encargando de nominar a algunos candidatos. Pero luego te hablaré sobre eso.
En caso de ser el de la Paz tendrás que haber contribuido de manera decisiva a ese esfuerzo, a menudo baldío, de hacer de nuestro planeta un lugar más justo, donde la libertad campe a sus anchas, donde toda la gente pueda sentirse segura, donde no existan discriminaciones sea cual sea la condición de las personas, donde a la Madre Naturaleza se le trate como toda buena madre se merece, donde la violencia sea una rareza prácticamente extinguida, donde la guerra solo constituya un mal sueño que recordamos como parte de un aprendizaje para ser mejores… todas esas cosas, ya sabes.
También te quería decir, pequeña (te llamo “pequeña” porque te veo como a mi propia hija y créeme que lo hago sin paternalismos ni condescendencia) bien… quería decirte que las personas encargadas de premiar, y en este segundo caso al cual acabo de referirme, la Paz, sería el Comité Noruego, no siempre han dado en el clavo al conceder tan prestigioso galardón; y qué decir de las nominaciones previas… ¿Sabías que, entre otros personajes nefastos, llegó a estar propuesto un tal Benito Mussolini? ¡Menos mal que no se lo llevó! Otras nominaciones francamente groseras, y bastante recientes por cierto, han sido las de los señores Donald Trump y Vladimir Putin; afortunadamente les pasó lo mismo que a Mussolini. Sí se lo concedieron, en cambio, a Theodore Roosevelt, a Mohamed Anuar Al-Sadat, a Menahem Begin… Si indagas un poquito en sus biografías te darás cuenta de por dónde voy. También puedo decirte que Mahatma Ghandi estuvo nominado hasta cinco veces… pero nunca se lo dieron… ¿te parece justo? A mí, desde luego, no. Pero si te lo conceden a ti no tengo ninguna duda de que será merecidísimo. Y lo sé porque mi sueño era como una nube blanca; si hubiera sido negra la habría dejado deshilacharse hasta el final, como te explicaba más arriba, y no estarías leyendo esta carta.
Volviendo al Nobel de Literatura, mi preferido, ya te lo he dicho, la Academia Sueca no siempre ha atinado en la concesión del mismo al menos a mi entender. Incluso se lo negó a quien lo mereció cediendo a presiones políticas, como ocurrió con Miguel de Unamuno, vetado en su día por los nazis. Personalmente siempre me produjo extrañeza que no se lo concedieran a Émile Zola o a Emilia Pardo Bazán, por citarte a una Emilia y a un Emilio (y sí, estaba pensando en Rousseau) como tampoco a un tal Jorge Luis Borges, ni a Simone de Beauvoir o a una tal Alfonsina Storni… entre mucha otra gente que fue tan buena con la pluma como con el corazón. Y mira: ya metidos en harina… quizá te sorprenda saber que en pleno siglo XXI se le dio el Nobel de Literatura a un individuo, cuyo nombre me niego a escribir, que un día expresó su convicción de que a la hora de conseguir un mundo mejor utilizando los plebiscitos como instrumento, es decir, mediante unas elecciones legislativas, era más importante “votar bien” que la propia libertad de hacerlo, más importante incluso que (pura y simplemente) la mimísima libertad en sí; textualmente: “lo importante de unas elecciones no es que haya libertad, sino votar bien” absurdo, ¿no? ¡Cómo vas a votar bien si, de entrada, no tienes libertad para ejercer ese derecho!¿Se puede “votar bien” si, por ejemplo, las únicas opciones de voto son la derecha normal y la derecha rabiosa…?. No voy a cuestionar la calidad literaria de ese señor (aunque te confieso que nunca me ha gustado) pero digo yo que un Premio Nobel debería ser concedido por algo más que las cualidades de alguien como escritor. Naturalmente, puedo estar equivocado… Pero contigo no va a ser así: contribuirás a equilibrar una balanza en la que pesa demasiado lo masculino. A día de hoy, en octubre de 2021 y en lo que a la literatura se refiere, ha habido 101 galardonados por solamente 16 mujeres premiadas; y si lo extendemos al resto de especialidades la diferencia es aún mayor: 887 veces a hombres por 59 a mujeres. Eso terminará por cambiar, ya lo verás.
Quizá te haya sorprendido ese paréntesis en el que cito a Rousseau… Te explicaré por qué lo he hecho: aquel pensador ginebrino del siglo XVIII, evidentemente, no estuvo nominado al Nobel porque entre otras cosas vivió en otro tiempo. Un personaje extraño el tal Rousseau, incluso algo oscuro y con episodios de su vida un tanto escabrosos… Pero nos dejó un importante legado que, a mi juicio, debería servir de inspiración incluso para las Academias responsables de los Premios Nobel, a fin de que su “fallo” nunca vuelva a ser un “error”. Me refiero a mantener como horizonte (como ideal sin duda) ese buen salvaje, esa bondad natural del ser humano que el filósofo ilustrado quería recuperar… consiguiendo así que la sociedad ya no corrompa a los individuos, que no nos guíe la codicia, que la educación sirva, de una vez por todas, para hacer de la humanidad una verdadera hermandad donde seamos genuinamente libres, donde el compromiso fruto de la voluntad popular sea verdaderamente universal y donde quede desterrado el egoísmo de una vez para siempre. Ahora bien: es verdad que fue ese mismo horizonte el que llevaría después a Jean-Paul Sartre no solo a reunciar al prestigioso galardón sino a pedir previamente, sabiéndose candidato, que no le fuera concedido. ¿Te estoy sugiriendo que renuncies también tú? De ninguna manera; únicamente que reflexiones, nada más. No te pongo nombre y tampoco rostro (ya sabes, cosas de los sueños) pero eso ahora no importa, porque sé que en unos pocos años esta carta llegará a tus manos, la leerás y te hará pensar; incluso quizá te ayude a creer más en ti misma, ¡ojalá…!
Solo otra cosita para terminar, pequeña: pedirte que, llegado el momento, si te decidieras a pronunciar el discurso como galardonada (y ahora no sé si preferiría que tuviera lugar en Oslo o en Estocolmo) y lo mismo si tu decisión fuera declinar finalmente el ofrecimiento, te acuerdes de esta carta pero sin mencionarla ni mencionarme a mí en ningún foro, pensando simplemente (y con una sonrisa) que habría estado muy orgulloso de que fueras mi hija no solo por ese momento concreto de reconocimiento, y acaso de triunfo, sino también y muy especialmente por esa trayectoria tuya de buena persona.
Tienes mi admiración, mi cariño y mi respeto.
Siempre tuyo, TXESKO C.
CARTA A UNA FUTURA PREMIO NOBEL