Part 2: POR QUÉ…? ( Un pequeño homenaje a los puntos suspensivos)

Le tomo el relevo a Rodrigo empleando como trampolín la pregunta que  aparece al final de su carta de agradecimiento a los lectores. Pues eso: teniéndola ya como título ahora lo coherente es intentar responder a la cuestión, ¿no os parece?. La primera respuesta que me asalta se corresponde con el modelo gallego; aunque eso seguro que ya lo suponíais: “¿Y por qué no?”. Pero si os fijais bien, en mi título he colocado unos pequeños “pepitogrillos” antes de cerrar el interrogante… ¡En efecto, habéis acertado!¡Unos puntos suspensivos!. Se trata de un recurso que utilizo a menudo. Creo que los puntos suspensivos tienen una gran fuerza para sugerir pues, entre otras cosas, dejan las frases abiertas (no necesariamente incompletas; en todo caso deliberadamente inacabadas). Los puntos suspensivos son, en lo que a mí respecta, un reflejo de cómo entiendo la vida: esa aventura que somos y que solamente acaba cuando cesa el tic-tac… tal vez ni tan siquiera entonces, ¿quién sabe…?. Esto que acabo de escribir afecta a la respuesta “modelo-cosmovisión-gallega” de dos maneras: en primer lugar refuerza su sentido (y esto lo explicaré enseguida); en segundo término precede a otras respuestas inevitables. Pero vamos por partes…

Cuando Rodrigo (¡qué buena gente!) me “reclutó” yo llevaba muy poquito tiempo en Twitter. Y me metí en el “fregao” haciendo caso a una sugerencia-reto de mi hija. Os puede sorprender que, además de tuíter (lo pongo en español en homenaje a Unamuno) solamente tenga guatsap (algún día recordaremos aquello de “eschaquespeare”). En fin: dispuesto a sacarle todo el jugo que pudiera a la actividad tuitera, di con el ejemplo vivo de lo que suele decir mi amigo Txetxu sobre la filosofía: “No es útil ni inútil; la filosofía es inevitable”. Pues bien, Rodrigo es ese ejemplo vivo de esa gran verdad. Así, he acabado convencido de que nuestro encuentro era (también) inevitable. El caso es que ahora suelo colaborar en la sección etiquetada como “Al rincón de pensar” y en primer término esta circunstancia se da porque cuando Rodrigo me invitó a hacerlo me dije: “¿Y por qué no, Txesko?”. ¿Lo veis? Han desaparecido los puntos suspensivos pero dejan una estela que comunica con otras respuestas. A esto me refería más arriba cuando os decía que los puntos suspensivos reforzaban el sentido de una pregunta. Vamos, si os parece, con otras posibles respuestas.

Doy por sentado que son las personas las que de verdad nos enriquecen y no tanto las cosas. Con las personas habitamos el tiempo; y en ese tiempo compartido, cara a cara con la vida, nos miramos a los ojos y nos decimos todo eso que necesitamos decirnos para aprender a vivir cada segundo como si fuera el último.  Por eso me voy a atrever a parafrasear al poeta Eliot, uno de mis preferidos: “Habrá tiempo, habrá tiempo de preparar un rostro para afrontar los rostros que uno afronta”. El caso es que en la Taska he ido conociendo a unos locos y locas maravillosos. Ahí están Jose, Cris, Leti, Abril… Me encanta lo que hacen y cómo lo hacen, su entusiasmo, su entrega. No buscan notoriedad y tampoco regalos para el ego. Sus motivaciones son la generosidad por sí misma y el deseo de compartir saberes e ilusiones. Así que, ¿por qué?. Porque es un privilegio compartir espacio (y tiempo) con personas tan valiosas. Porque a su lado siento que puedo aportar algo de bienestar moral, invitar a la reflexión, estimular el apetito por el conocimiento. Y, claro, en el proceso hacerme un poco menos ignorante y un poco mejor persona. Y eso es mucho.

Y por supuesto, hay una respuesta que podría ser la guinda del pastel: los lectores. Volviendo a la carta de Rodrigo veréis que su agradecimiento está construido con emociones muy estimulantes, con sentimientos limpios. Os habla de una trayectoria vital que no ha sido fácil en absoluto (os lo puedo asegurar). Si leéis entre líneas veréis que ese camino tiene una elevadísima dosis de compromiso social, de ayudar a quien menos tiene, de ilusionar a quien ha tropezado (y ha caído) mostrándole que casi siempre podemos rehacernos o, como decimos ahora, “reinventarnos”. Yo mismo, y sin ánimo de presumir, me reinventado unas cuantas veces; y he podido hacerlo por haberme encontrado con gente buena, profesional, entregada y honesta. ¡Qué suerte he tenido!. Y sigo teniendo suerte porque, a pesar de que la filosofía puede llegar a ser un poco… un poquito… ¿espesa? aún consigo que me leáis y no me llaméis pelmazo. 

Y estos son mis porqués, querida buena gente. Ahora, siguiendo el ejemplo que quien (para mí) continuará siendo nuestro taskero mayor, le paso el testigo a Jose. Ya lo conocéis y sé que os hacéis una idea de todo lo que vale… Pues bien: vale todavía mucho más, creedme. Tampoco lo ha tenido fácil. Bueno, Jose: aquí te lo dejo; y no, no voy a tener la osadía de hacerle una pregunta a un abogado, jejejeje… Bueno, si acaso una que quizá te pueda venir bien: ¿A dónde…? ¡Oh…! ¡Han vuelto los puntos suspensivos!

TxeskoC.

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