«Mis imprescindibles en filosofía «

No sé responder a la pregunta por “el mejor filósofo” o “el más importante”. En una lista, los griegos, polifáceticos, deberían estar todos. Hoy día y con tanta especialización a veces se añora una visión de conjunto y suele suceder, como reza el dicho popular, que “los árboles no nos dejan ver el bosque”. Por eso creo que el filósofo del XXI, más que en ningún otro tiempo, debe autoimponerse la tarea de la interdisciplinariedad y, como ya dijera Heráclito, “…ha de estar versado en muchas cosas”. Aquí os ofrezco unas pinceladas sobre las figuras del pensamiento que siento más cercanas. ¿Que falta gente…? Ya lo sé…

Anaximandro.
Pionero de la metafísica con su propuesta de lo ápeiron. Primera aproximación a la dialéctica como coimplicación de opuestos: dialéctica sin aniquilación, dialéctica constructiva y fecunda. Su concepción de lo indeterminado, si lo pensamos con detenimiento, ha llegado con plena vigencia hasta nuestros días.

Demócrito.
Primer modelo constitutivo atómico de lo real-material. Introduce el concepto de vacío, clave para poder superar la dicotomía ser/no-ser. ¿Tan antiguos son los átomos…? Pues sí.

Heráclito.
El devenir y el cambio son la contextura de la realidad más allá del mundo propiamente dicho (nótese que en “mundo” y “realidad” sigo a Wittgenstein); por eso, siendo rigurosos, nunca podríamos introducir dos veces el pie en el mismo río… “porque somos y no somos los mismos”.

Sócrates.
Altruismo y honestidad. Algunos autores posteriores (Nietzsche) criticaron el “socratismo” por la instrumentalización que de él hicieron Platón y el cristianismo. La crítica se plantea en el sentido de que algunos herederos de Sócrates acaban menospreciando, incluso aniquilando, lo inmanente-vital en favor de una pretendida trascendencia. De Sócrates yo me quedo con el valor de la generosidad, del diálogo, del autoconocimiento, de la humildad… Deberíamos saber que, en el fondo, no sabemos nada.

Platón.
Primera gran utopía política. Una propuesta bienintencionada, aunque totalitaria y abocada al fracaso por ser como es la propia naturaleza humana. No obstante, su oferta fue generosa, desinteresada y llena de deseos de justicia y armonía. No olvidemos que la filosofía platónica tiene un trasfondo claramente salvífico.

Aristóteles.
Sienta las bases de la investigación empírica y de las taxonomías. Si algunos científicos contemporáneos, los profesionales de la política o del sacerdocio y por supuesto los grandes expertos de la llamada “ingeniería financiera” se hubieran aplicado a sí mismos el planteamiento ético del estagirita, es decir: que la virtud se encuentra en un punto medio entre el exceso y el defecto, el mundo sería bastante mejor de lo que es.

Epicuro.
El cálculo de placeres y el tetrapharmakon para conjurar el dolor, liberar al hombre de las servidumbres religiosas, el valor de la amistad desinteresada… ¿Ha habido alguien que haya acumulado tantos méritos amando a la humanidad por encima de todo, sin pretender desarraigarla de lo natural?

Agustín de Hipona.
“¿Qué es el tiempo? Si no me lo preguntas, lo sé; pero si me lo preguntas no encuentro palabras para responderte”. ¡Qué maravilla! Vivió entre los siglos IV y V y fue capaz de mostrar el salto que hay entre conocimiento y lenguaje. Su teoría de la Iluminación significó un portentoso intento de compatibilizar filosofía y misticismo. Ya… era cristiano… ¿y qué…?

Tomás de Aquino.
Manejó como nadie el principio de causalidad. Ciertamente ese principio de causalidad quedó (como mínimo) en entredicho a partir de la crítica que planteó David Hume en el siglo XVIII. Pero debemos reconocer que el esfuerzo realizado desde el tomismo durante el siglo XIII por conciliar razón, experiencia y fe en algo tan controvertido como la existencia de Dios merece todo nuestro respeto.

Guillermo de Occam.
Sin él la filosofía del lenguaje no tendría la importancia que tiene en la actualidad. Sin su impulso al principio de economía, la ciencia habría tardado aún más tiempo en iniciar su formidable desarrollo.

Spinoza.
Nadie ha planteado el panteísmo de un modo tan sublime como él lo hizo; ni siquiera Hegel. Así, detengámonos a examinar una verdadera joya de la historia del pensamiento, que ya aparece insinuada en Escoto Erígena, y que Spinoza reformula de una manera sublime: Dios como naturaleza dinámica, naturante y naturada, cuyo despliegue-perseverante se explicita en la noción de conatus.

Pascal.
“El corazón tiene razones que la razón desconoce”. La reflexión sobre este aserto pascaliano me llevó a descubrir y comprender el significado profundo de la intuición emocional, más allá de la intuición sentimental postulada por Max Scheler en su ética axiológica.

Hume.
Tan importante que, sin él, Kant no habría sido Kant. Aportó muchísimo; si me obligáis a elegir, me quedo con su emotivistmo ético y con su concepto de “simpatía”, precusor de lo que hoy llamamos “empatía” y que tanto valoramos.

Kant.
No se puede enseñar filosofía, sino a filosofar: “Sapere aude” o “atrévete a pensar por ti mismo abandonando tu culpable incapacidad, sacudiéndote la pereza y el conformismo”. Más allá del idealismo trascendental Kant nos da una lección que debería espolearnos en pos del pensamiento crítico.

Hegel.
Construyó el último gran sistema metafísico en la historia del pensamiento, una aportación tan enorme como compleja que relanzó y agigantó la dialéctica. El gran debate político contemporáneo tiene en Hegel una de sus grandes figuras-clave.

Marx.
Contra la alienación, contra la explotación del hombre por el hombre, Marx propuso que la filosofía dejara de limitarse a interpretar la realidad para transformarla. El mensaje caló más en los guardianes del capitalismo que en los propios filósofos. Así, actualmente, en los gobiernos neocapitalistas hay tres líneas: domesticar la filosofía en los planes de estudios, dejarla morir o eliminarla definitivamente. Se puede ser marxista o no; pero lo que resulta innegable es que esa alienación y esa explotación han sido y son todavía una constante en nuestra civilización.

Nietzsche.
Exaltación de la vida rehabilitando lo irracional. Su “Zarathustra”, controvertido y genial, está dotado de una profundidad y una potencia lírica extraordinarias. Del genio de Röcken me maravillan varias cosas; pero quizá la primera de ellas sea su fuerte convicción de querer ser el más polémico en un momento de la historia cuyo imperativo categórico era mostrarse inconformista, como en la actualidad deberíamos serlo igualmente.

Unamuno.
El hombre de carne y hueso. Frente a tanta abstración sobre lo humano y tanto concepto momificado o vacío, el ser humano que siente, sufre, sueña, padece… camina en busca de una eternidad sobre la que no puede tener certeza alguna. Nadie como Unamuno (salvo quizás Ortega) ha sabido comprender con tanta profundidad la idiosincrasia contradictoria y paradójica de eso que a veces llamamos España.

Wittgenstein.
Los límites y los juegos del lenguaje. Hay una clara coincidencia entre los límites de nuestro lenguaje y los límites de nuestro mundo pero, al mismo tiempo, el conocimiento de esos límites comporta una adecuada participación en los diversos juegos del lenguaje, ya que, en efecto, nuestra mente está configurada en clave lingüística. Tenemos que ser capaces de decir lo que verdaderamente queremos decir.

Ortega y Gasset.
La vida como realidad radical. Si la reflexión filosófica no toca la vida, si se empecina en planteamientos abstrusos y poco accesibles podemos darla por muerta. Ortega se esforzó en acuñar una nueva terminología para potenciar el léxico filosófico en español; se trata de térmios accesibles para cualquier persona mínimamente cultivada; entre todos ellos yo me quedo con uno: futurición.

María Zambrano.
La razón poética. Es la única mujer que cito. Admiro a muchas otras pero en otros campos del conocimiento y de las artes. En filosofía, y esto es una elección personal, subjetiva, me quedo con la gran pensadora malagueña porque ha sido quien mejor ha comprendido que la filosofía y la poesía son inseparables compañeras en ese viaje a lo más profundo del alma humana.

Heidegger.
Distinguir entre el ser y los entes requiere pre-comprender que el ser no se puede objetivar, que el hombre, en cuanto entidad, únicamente puede rastrear el sentido de sí mismo colocándose justamente detrás de sí mismo, nunca a la par y menos aún por delante; es decir: para hallar una perspectiva, o muchas (Ortega) es necesaria una retrospectiva. ¿Y cómo diseñar un plan de actuación para siquiera intentar algo tan ambicioso? Para empezar, esforzarnos en una auténtica vocación de interdisciplinariedad con todas las actividades del conocimiento y del arte.

Marcuse.
Si fuéramos capaces de vislumbrar la coimplicación existente entre la noción marcuseana del hombre unidimensional y la orteguiana del hombre masa, pondríamos en bandeja una potentísima reflexión crítica sobre las sociedades humanas de los siglos XX y XXI. Veríamos entonces un hombre autoalienado y replegado sobre sí mismo con su miseria moral, su hedonismo ególatra y su autocomplaciente ignorancia.

Sartre.
La libertad entendida como angustiosa condena. La obra de este pensador francés siempre me produjo inquietud y desasosiego. Me cautivó muy especialmente su advertencia con respecto a lo que él llamaba existencia inauténtica, algo que yo entiendo como el no hacerse cargo de su propia situación y el empecinamiento en una permanente huida hacia adelante. Más que la táctica del avestruz escondiendo la cabeza en un agujero, la existencia inauténtica vendría a ser arrastrar la cabeza por un surco que nos impide ver el horizonte contra el que nos acabaremos estrellando.

Habermas.
La acción comunicativa. El desenmascaramiento de la noción de dominio en unas ciencia y técnica ideologidadas. La comunidad ideal de diálogo como marco de referencia me parece una propuesta valiente y altruista, con el sano propósito de interactuar ofreciendo lo mejor de nostotros mismos: que la comunicación pueda llegar a ser tan auténtica como empatizante, fecunda, constructiva.

Gadamer.
El término “prejuicio” suele ser peyorativo. Pero… ¿Y si adoptamos otro punto de vista?¿Y si nos detenemos a considerar que, desde Kant, “juzgar” es “pensar”? Entonces, “pre-juzgar” adquiere otra dimensión de significado como algo previo al pensar; algo que, para poder pensar como pensamos e interpretar debe “estar-ahí” previamente; y si el pre-juicio es inevitable habría una pre-configuración para todo pensamiento. Gadamer en efecto, ofrece una nueva revisión sobre la teoría de los Idola que proponía Bacon: no podemos eliminar del todo los prejuicios, pero sí podemos purgarlos o sustituirlos por otros mejores.

Ortiz-Osés.
“La realidad es lenguaje”, una de sus frases más celebradas. En el fondo el sentido de la realidad no es independiente de quienes, consciente o inconscientemente, se bañan en ella tratando de desentrañar su misterio. La realidad es realidad cuando se la profiere, cuando es sujeto de predicados, cuando es nominada y verbalizada, dotada de contenidos… es entonces cuando adquiere genuino significado.

TXESKO C.

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