La lógica es la rama de la filosofía que se ocupa de la validez, coherencia y consistencia de los argumentos. En su larga historia, pues existe como disciplina desde Aristóteles, se le han hecho diversas clasificaciones. Dicho de una manera muy pedestre, y para no meternos en demasiados líos, podríamos estructurarla en dos bloques: lógica formal y lógica informal. Algunos autores como Hintikka o Massey solo toman en consideración la primera, pero nosotros no les haremos caso; así que en este artículo trataremos sobre la segunda. Además es muy probable que la primera os resultase un poquillo árida.
La lógica informal estudia fundamentalmente dos cosas: las paradojas y las falacias argumentativas. Aunque el tema de las paradojas es muy divertido, lo dejaremos para otra ocasión y hoy nos centraremos en las falacias, pues están de rabiosa actualidad en estos tiempos que corren dado el panorama político que nos inunda y nos inmunda… si me permitís este “palabro” como pequeña licencia (aún me tomaré alguna más.) La idea es mostraros que la falacia puede ser tanto un recurso como una torpeza habituales, no solamente pero sí muy especialmente, en el ámbito de la política. A continuación veremos algunos ejemplos.
-Falacia ad baculum: Se llama falacia ad baculum a todo enunciado que defiende una propuesta basándose en la fuerza o en la amenaza. Ejemplo: “Comunismo o libertad: ¡Tú eliges!” ¿Cómo podemos estar seguros que que el comunismo y la libertad son incompatibles, si nunca ha habido un estado realmente comunista? Más aún: ¿Cómo demonios podemos estar seguros de que cualquier otro planteamiento político, que no sea el comunismo, coincide necesariamente con la libertad?. ¿Verdad que esto os suena?
-Falacia circular: Sería cualquier argumento que defiende una conclusión que se verifica recíprocamente con la premisa, es decir que justifica la veracidad de la premisa con la de la conclusión y viceversa, cometiendo circularidad. Ejemplo: “Debes votarme a mí porque llevo 25 años gobernando y, teniendo en cuenta toda esa experiencia, mi opción es la mas adecuada para gobernar”. En este caso la falacia se basa en dos supuestos que se toman ilegítimamente como ciertos: 1) que 25 años de gobierno equivalen a 25 años haciéndolo bien; 2) que alguien con menos experiencia (o ninguna) no puede hacerlo mejor.
-Falacia ad hominem: Son enunciados que, en lugar de atacar la postura y afirmaciones del interlocutor, atacan al propio interlocutor descalificándolo. Por ejemplo, si alguien argumenta: «los políticos dicen que robar está mal, pero ellos lo hacen», está cometiendo una falacia ad hominem (concretamente la variante denominada tu quoque-«tú también»), pues pretende una de estas dos cosas: refutar la proposición «robar está mal» mediante un ataque al proponente, o dar por supuesto que todos los políticos roban. Si un ladrón asegura que robar es malo quizás sea muy hipócrita por su parte, pero eso no afecta a la verdad o falsedad de la proposición en sí.
-Falacia ad ignorantiam: Se trata de posturas que defienden la verdad o falesedad de lo que se dice en un enunciado porque no se ha podido demostrar lo contrario. Sería el caso en que alguien niega la existencia de la divinidad apoyándose en que nadie ha demostrado su existencia; y lo mismo sucedería si alguien afirmara su existencia sustentándola en que nadie ha probado que no exista.
-Falacia ad verecundiam: Así se denomina aquel argumento que apela a la autoridad o al prestigio de alguien o de algo para defender una conclusión sin aportar razones que la justifiquen: “El gran gurú del periodismo Edward Tribulete afirma en su último artículo que el famoso político Paul Church ha participado en una orgía. Diciéndolo quien lo dice, seguro que es verdad”. Notaréis que este ejempo es bastante actual.
-Falacia del muñeco de paja: Sucede cuando, para rebatir los argumentos de un interlocutor, se distorsiona su postura y luego se refuta esa versión modificada. Así, lo que se refuta no es la postura del interlocutor, sino una distinta y más vulnerable. Veamos un ejemplo:
SujetoA: Reconocerás que Cuba es uno de los países más avanzados de su entorno en lo que a la sanidad se refiere.
Sujeto B: Vale, pues si Cuba es un paraíso, ¿por qué hay tanta gente que quiere abandonar la isla?
Examinando la conversación, comprobaremos que el sujeto B pone en boca del interlocutor A algo que éste no ha dicho: que Cuba es un paraíso. Después atacó esa postura como si fuera la de la persona A. Esto, en un lenguaje más llano, se llama tergiversar y manipular, dos herramientas típicas de la demagogia.
Es frecuente que los bulos, últimamente tan de moda, aparezcan trufados de falacias argumentativas emparentadas con los ejemplos que habéis visto en este artículo. Como hemos visto de una manera bastante sencilla, las falacias suelen estar relacionadas con la ignorancia y la demagogia; dos elementos que a menudo son correlativos como sucedió en el trístemente célebre holocausto judío perpetrado por los nazis y que algunos sinvergüenzas (creo que en ningún caso ignorantes) aún se empeñan en negar. Veamos cómo se puede ejemplificar esto desde nuestro terreno mediante el siguiente hilo argumental:
P1. “Jesucristo fue condenado por el Sanedrín”. P2. “El Sanedrín es la máxima autoridad de los judíos”. C1. “Luego los judíos condenaron a Jesús”.
Q1. “Los judíos son el grupo más numeroso entre quienes controlan las finanzas”. Q2. “Los bancos ahogan a Alemania con sus prácticas usureras”. C2. “Por consiguiente los judíos son el enemígo económico del pueblo alemán”
R1. “Los nazis tenemos como mayores enemigos a los comunistas” R2. “El comunismo fue construido como ideología por un judío”. C3. “Así pues, los judíos son capaces de elaborar sistemas de pensamiento que constituyen una peligrosa amenaza para el nazismo”.
S1. “La misión del partido nazi es hacer grande a Alemania” S2. “Los alemanes solo seremos grandes si eliminamos a nuestros mayores enemigos”. C4 “Por tanto es necesario eliminar a los judíos”.
Estamos acabando. Y para terminar, nada mejor que una última construcción argumental la cual podríais examinar, en tanto que lectores atentos, y calificarla o no como falacia. Nos ha parecido que quedaría más “chuli” si la entrecomillábamos así que… ¡Allá va!: “Teniendo en cuenta los datos que aporta, los ejemplos que utiliza y cómo los asocia a cada modelo de falacia para construir el artículo, no cabe duda de que el autor es un demagogo de izquierdas que simpatiza con el judío”
TXESKO C.
BREVE APUNTE SOBRE LÓGICA INFORMAL Y POLÍTICA