Cada año, sobretodo en los últimos, el 8 de marzo es un día reivindicativo y
festivo. Las calles, los balcones y las redes sociales se llenan de imágenes,
frases y demandas del movimiento feminista, que necesitan ser expresadas y escuchadas.
Pero este año, un año, sin ninguna duda, marcado por la pandemia, hay
quienes han aprovechado acogiéndose a la Covid-19, para intentar apagar este día, negando a miles de mujeres salir a las calles, respetando las medidas de seguridad, a reclamar derechos que les han sido negados durante años.
Es cierto, que la pandemia ha evidenciado algo que muchas ya veníamos diciendo, las mujeres somos las que más sufrimos la precariedad, al recaer los trabajos de cuidados en nosotras y estar invisibilizado y poco valorado, pese a ser tal como hemos visto esencial para el sostenimiento de la vida y de la sociedad.
Todas nosotras hemos vuelto a estar en el centro, asumiendo el riesgo de
contagio, la responsabilidad en el espacio laboral, las profesiones más
expuestas son en su mayoría ocupadas por mujeres y, también,
ocupándonos en mayor medida de las tareas del hogar y el cuidado de
pequeños y mayores.
Las mujeres se concentran en un número más reducido de sectores y
ocupaciones que, en general, que peor pagados y menos valorados. La
brecha salarial, que algunos niegan, supone para las mujeres cobrar un 23% que los hombres.
También ocupamos la mayor parte de las medias jornadas, soportamos en mayor medida el desempleo, un 18,3% las mujeres, frente a un 14,2% los hombres. Y ocupamos la mayoría de los puestos en el ámbito de los cuidados, un ámbito siempre muy invisibilizado y olvidado, pero que es imprescindible y donde la pandemia ha hecho estragos.
Y por supuesto, no hace falta remarcar que todas estas dificultades aumentan drásticamente cuando además hablamos de mujeres
migrantes, diversas funcionalmente o mujeres trans. Es ya imprescindible
el reconocimiento del cuidado.
Entender el cuidado como bien común, como bien promueven las políticas del Ministerio de Igualdad.
Todas las instituciones deben dar ejemplo en Igualdad. La desigualdad
estructural entre hombres y mujeres influye en diferentes aspectos que
acaban provocando que el porcentaje de mujeres en posiciones de decisión
institucional sea infinitamente menor que el de hombres.
En el Parlament de Catalunya, un claro ejemplo es la brecha salarial del 7,6% entre diputados y diputadas, uno de los factores que influye son las presidencias de las comisiones de trabajo, al ser un complemento salarial, y estar casi todas en manos de hombres, hace que las nominas de las diputadas sea menor.
Educar desde la infancia sin sesgos de género. Educar a niños y niñas
enseñándoles que no hay profesiones exclusivas para unos o para otros.
Solo así lograremos un futuro en igualdad. Necesitamos un futuro donde las mujeres ocupemos el lugar que les corresponde, que para eso somos la mitad de la sociedad. Es nuestra responsabilidad, la de todos y todas, que esto sea posible.
Yolanda López Fernandez
Responsable secretaria acción institucional de Podem Catalunya.
Exdiputada Parlament de Catalunya