Amén del tufillo racista que desprende esta expresión (este género cinematográfico está a rebosar de ello), al invocar esta frase lo primero que nos viene a la cabeza es el far west. Efectivamente, hoy está claro que os voy a hablar de Western.
Puesto que es imposible en un artículo abarcar la inmensidad del Western, simplemente os pondré un poco en contexto.
Se trata de un género, tal y como ya he anticipado, lleno de estereotipos racistas, clasistas y que tienden a ignorar la historia contemporánea estadounidense en pos del alzamiento de la figura del héroe de turno y de la épica americana en general. Su temática, aunque variada, siempre tiende a desarrollarse entre arena, montañas y muchas veces entre los grandes protagonistas del sur de EEUU, el río Rojo y el río Grande.
Así, pueden tratar de matanzas de nativos americanos contra los colonos de pro, de luchas por un territorio contra, de nuevo, los salvajes indios, de la búsqueda de oro, de la historia del Sheriff justiciero o del atraco al banco de Carson City (la primera que se me ha venido a la mente), las continuas disputas entre ganaderos y agricultores por un puñado de tierra, asaltos a diligencias o las no menos importantes luchas que existían a consecuencia de la construcción del ferrocarril. Esto solo es una pequeña muestra de una lista prácticamente interminable.
La premisa ha ido cambiando a lo largo de las décadas eso sí. En los primeros momentos, el “vaquero” siempre era un luchador infatigable en busca de la justicia. Un hombre de moralidad férrea y principios 100 % americanos (los buenos vaya). Téngase en cuenta a uno de los pioneros del cine del Oeste Tom Mix.

Años más tarde, John Ford, maestro del género (y de todo lo que se propusiera), estableció las bases para estos films, siendo la época dorada de estas películas. Su filmografía es inmensa y solo con citar su nombre aparece en el imaginario colectivo Monument Valley y las infinitas batallas allí libradas. Si bien Ford fue el paradigma de las películas de vaqueros clásicas, en las que siempre ganan a los pieles rojas y se llevan a la chica de turno (generalmente hija de un alto mando del ejército). Sin embargo, su primer gran éxito, “La diligencia”, no encaja en este panorama, puesto que los protagonistas constituían el deshecho de la sociedad.
No solo Ford hizo de la arena y la sangre oro, si no que hubo otros directores que supieron sacar jugo al género. Así, entre otros, dieron grandes momentos al Western, Howard Hawks, Anthony Mann, Raoul Walsh, Fred Zinnemann, Nicholas Ray, King Vidor… Dado que ya me voy a extender demasiado, si os gusta, otro día lo dedicaré a escribir sobre algunos de los actores que mitificaron este género.
Así y según nos adentramos en las décadas de los 60 y 70, la sociedad norteamericana (y mundial) ya no cree eso de que los vaqueros siempre son los buenos (costó un poquito sí…), aunque tengan sus “cosillas”. El público quiere miradas diferentes y distintos enfoques para estas películas. ¡La tierra del rancho está lista para sembrar! Y por ello, de aquellos polvos vienen estos lodos, llegan el Western crepuscular y el Spaghetti Western.
En el primer subgénero nombrado de las pelis del Oeste, se comienza a mostrar un oeste más oscuro, en decadencia y sin héroes al uso. Nos encontramos con el vaquero antihéroe, perdedor, sucio, delincuente, normalmente alcohólico y completamente perdido ante la inmensidad de la existencia.

Entre las maravillas que podemos (y debemos) encontrar yo destacaría: “El hombre que mató a Liberty Valance” (1962) John Ford, “El juez de la horca” (1972) John Huston, “Pequeño gran hombre” (1970) Arthur Penn, “El día de los tramposos” (1970) Joseph L. Mankiewicz, e incluso, “Bailando con lobos” (1990) Kevin Costner. Mención especial merecen las filmografías de Sam Peckinpah y Clint Eastwood. En el primero (fue gran influencia de Tarantino en su cine) destacaría: “Duelo en la alta sierra” (1962), “Mayor Dundee” (1964), “Grupo salvaje” (1969), “La balada de Cable Hogue” (1970), entre otras. Sin olvidar la película de Richard Brooks “Los siete magníficos” (1960), revisión del film de Kurosawa “Los siete samuráis” (1954).
En cuanto al bueno de Clint, “El fuera de la Ley” (1976), “El jinete pálido” (1985) y “Sin perdón” (1992). Asimismo, hay que recordar su participación en los Spaghettis Western de Sergio Leone, con su Trilogía del dólar: “Por un puñado de dólares” (1964), “La muerte tenía un precio” (1965) y “El bueno, el feo y el malo” (1966). Quentin Tarantino nos brindó “Django desencadenado” (2012) y “Los odiosos ocho” (2015), siendo estas películas su particular homenaje al género.
A Peckinpah, Eastwood y Tarantino les dedicaré un artículo a cada uno, puesto que lo merecen más que de sobra en mi modesta opinión.

Puestos un poco en situación (sé que para los que conocéis el género este resumen no hacía falta y seguramente os parecerá muy vago), he de decir que, si bien de pequeño estas películas me parecían un tostón, con el paso del tiempo se han convertido en unas de mis favoritas. Todavía recuerdo ver “Sin perdón” de Clint Eastwood en el cine, en el regazo de mi madre, queriendo volar aquella sala para dar fin a esa tortura. Años más tarde y con la perspectiva de alguien que no juega con coches en los asientos del cine, este film me parece simplemente magistral.
Cierto es, que para un espectador europeo medio (ni que hablar de otros continentes), su temática original resulta lejana, poco interesante e incluso absurda. No seré yo quien diga lo contrario. Pero no es menos cierto, que por eso mismo su puesta en escena es mucho más fulgurante. Grandes paisajes, caballos, luchas al frente del séptimo de caballería, duelos a la luz del amanecer, las camisas de John Wayne (siempre azules o rojas) …, todo ello en un impresionante Technicolor que explotaba cada tonalidad al máximo. Sin embargo, cuando llegó el oeste más decrépito, el interés fue mayor. Ver sufrir al Tío Sam es algo muy europeo, y realmente estas nuevas películas, en su conjunto, eran mucho mejores.
Nuestra generación (80-90), prácticamente no ha vivido el Western, y por ello, el género solo se conoce por las mil sesiones de pelis de vaqueros de la tele o incluso por lo que nos cuentan nuestros padres. De hecho, la mía es la que me inculcó el amor por el Oeste (y por todo el cine en general). Siempre hablándome de las sesiones continuas de Westerns en el cine, de cómo jugaba a los vaqueros y los indios y de cómo unos escenarios alejados por un océano, describen perfectamente el sentir y el pesar de cualquier ser humano en el mundo. Todos, alguna vez hemos tarareado la “cancioncilla” de “el Bueno, el feo y el malo” (del maestro absoluto Ennio Morricone), o hemos disparado con pistolas de vaquero del “todo a cien” (ahora del “chino”) soñando con liderar alguna vez un grupo de bandidos o una tribu Sioux.
Por estos motivos, os ruego, deis una oportunidad al cine del Oeste, no os arrepentiréis y veréis como cabalgar a lomos de un brioso corcel blanco es de lo mejor que se puede hacer a lo largo del cauce del gran Misisipi.
A este cóctel de zarzaparrilla invita José V.M.