Cuando me preguntan por mi punto de vista sobre la religión, dependiendo de quién me la formule o en qué contexto, puedo dar dos respuestas:
-Soy ateo.
-Soy agnóstico.
¡Pero bueno, Txesko…!¿En qué quedamos? Eso de jugar con dos barajas no debería valer. Bueeeno, de acueeeerdo: excus-cus-cus-cusas… …y explicación al canto. Soy ateo en el sentido de rechazar sin paliativos la existencia de un dios personal, o diosa, o divinidad no binaria (me da lo mismo). Me niego a creer que haya algún-alguien todopoderoso, omnisciente, omnipresente, bondadoso en grado sumo y creador; y no, no voy a entrar en controversias finito/infinito, limitado/ilimitado porque me puedo poner muy burro. Así pues, vayamos por partes antes de centrarnos en lo verdaderamente importante y que anticipo, dejándolo en “standby at the moment” (doy por hecho que Nuñez Feijóo no me leerá, como siempre) veamos: ¿Qué hay de los rezos en Ferraz, o es que ya no nos acordamos…? Pues no deberíamos bajar la guardia. Sigo.
Me niego a creer en un ser todopoderoso, pues (como decía mi abuelo) si existiera no consentiría tanta inmundicia, tanto horror, tanta injusticia ¿Que no interviene porque nos hizo libres y con capacidad de raciocinio para discernir entre el bien y el mal? ¿Que “el tal dios” no se puede permitir la frivolité mandar al paro a Satanás…?¡Venga ya!¡A otro perro con ese hueso! Por otra parte, ser bueno en grado sumo comporta preservar la bondad por doquier y considerar la maldad como absolutamente insoportable, e incompatible con esa ternura genuina se mire como se mire. Conozco perfectamente el arsenal argumentativo que, tradicionalmente, se emplea para justificar la no intervención de Dios en las atrocidades que comete el ser humano; pues bien: no me sirve, no me lo trago. ¿Para qué queremos un dios neutral y equidistante? De hecho los creyentes tampoco se lo tragan… ¿Y si no, para qué piden y para qué rezan…? Pero luego iremos con eso.
En cuanto a su omnipresencia, dadas las circunstancias, valdría lo mismo que su “omniabsentia”: se trataría de una presencia absolutamente inútil… salvo quizá para él. Y digo «quizá» porque a lo mejor se lo está pasando de puta madre viéndonos hacer el imbécil día sí día también (acabo de hacer una concesión al socratismo, aceptanto como hipótesis de trabajo que todo ser malvado es, en el fondo, un pobre imbécil). ¿Omnipresente…? Pues muy bien: ¡Y qué! Podría creer en un dios personal si tal sujeto, perdón: Sujeto, fuera de alguna utilidad; pero lo cierto es que Dios no sirve para nada y por tanto no me tomo la molestia de tenerlo en cuenta.
¿Omnisciente? De ser así, ese dios (o esa diosa) lo sabría absolutamente todo. Y mucho ojo, que “absolutamente” significa precisa y justamente eso: saberlo todo, independientemente de la contextura anteroposterior (oséase, el TIEMPO) a la cual estamos sujetos los mortales y sin que, por añadidura, le influya tampoco la espacialidad. Esto significa que Dios sabría no solo lo que ocurrió en el pasado (lo que pasó de verdad y no las mentiras que nos contamos) sino que TAMBIÉN sabría todo cuanto está relacionado con el futuro: ¿Núñez Feijóo presidente, Santi Abascal ministro del interior, Díaz Ayuso premio a la gestión sanitaria…?¡Pues Dios ya lo sabía! Y no solo eso: todas aquellas personas y personajillos, orantes y rezantes por la sagrada unidad de la patria, que circunstancialmente campan de rodillas por Ferraz rosario en ristre, toda la beatería facho-franquista, ya se imaginaba que Dios lo sabía… pero POR SI acaso ahí estaban dale que te pego al Padrenuestro.
Esto de la omnisciencia da para mucho, la verdad. Si Dios lo sabe todo, entonces todo está escrito de antemano. Así pues, ante cualquier fechoría que yo cometiera quedaría eximido de culpa puesto que menda-lerenda estaría condenado apriorísticamente a la realización de la aludida barbaridad o aberración: ¡no podría evitarlo aunque quisiera! Por eso en ciertas confesiones protestantes lo único que te salva de la condenación al averno es la fe, nunca las buenas acciones u obras puesto que, estando como están predeterminadas, ¿qué mérito podría conllevar el hacerlas?¡Ninguno! Dicho esto, a un asesino genocida, en el fondo, le daría lo mismo ser calvinista que católico o judío: ¿Que cometo una atrocidad de proporciones bíblicas? ¡Ningún problema! Tendría dos posibles escaqueos:
a) Estaba predestinado, luego no era mi culpa, y como soy hombre de fe, pues salvado estoy.
b) Me confieso con el cardenal Cisneros, aquí no ha pasado nada y perdonado estoy, luego a salvo.
Atado y bien atado… ¿o no? Las religiones de la tradición judeocristiana son una bonita manera de hacerse trampas al solitario… ¡Y ganar, por supuesto!¡Qué invento más acojonógeno!
Cuando, en cambio, opto por la segunda respuesta y me declaro agnóstico estoy reconociendo mi incapacidad de saber: ¿Existe un más allá? ¿hay alguna forma de energía que entronca con eso que llamamos “sagrado”? ¿Tiene algún sentido extraterrenal que seamos seres autoconscientes y con capacidad de acción moral…? ¡Ni puta idea, querida y buena gente, ni puta idea! Pero es que me da igual. Como diría el viejo profesor Don Enrique Tierno Galván, «vivo perfectamente instalado en la finitud». Lo siento, pero soy demasiado racional; por consiguiente, incapaz de tener fe. Así pues, Dios (o “Lo-dios”) no me preocupa en absoluto, del mismo modo que tampoco yo (seguramente) le preocupo a Ello-Él-Ella. Sí me preocupan, sin embargo, quienes ejercen de creyentes con tal vehemencia que se apoderan de Dios, que se apropian de Dios, que acaban siendo DUEÑOS de Dios, puesto que Él está con ellos por obra y gracia de la fe que ellos tienen. Y no solo le hablan a Dios cuando rezan: ¡es que además Él les contesta! Su dios (porque es suyo y de nadie más) los anima a realizar esta o aquella cruzada. Mmmmm… ¿Rezar para que Dios intervenga y caiga un gobierno…? «¡Qué osadía!¡Qué atrevimiento! ¡pretender obligar, o poco menos que eso, a Dios para que se posicione en modo golpista!», diría un entendido en teología natural; pero no: no es osadía, porque son los dueños de Dios, porque Dios está a su servicio y porque Dios es de derechas. Poco importa que Jesús naciera en un pesebre; poco importa que Jesús dijera aquello de los ricos y el camello y el ojo de la aguja. Dios es de derechas de toda la vida. Esto no lo escribo con ironía, sino que me limito a constatar un hecho: ellos lo creen así, están convencidos; es cuestión de fe.
Cuando Unamuno escribía “Del sentimiento trágico de la vida” (1913) y “La agonía del cristianismo” (1925) tomaba como referencias el protoexistencialismo de Kierkegaard y la teología protestante liberal comparando el emocionalismo de la primera (expresado por el danés en “Temor y temblor”) y el racionalismo de la segunda. A la hora de acotar la idiosincrasia religiosa de España el filósofo bilbaíno se decantaba por la fe voluntarista, sustentada en el sentimiento, frente a la fe racional; de ahí su paráfrasis a «La fe es CREER lo que no vemos» con «La fe es CREAR lo que no vemos».
Concluyo ya. Ese «crear lo que no vemos» forma parte del arsenal que emplea el poder fáctico de este país, es decir: la derecha económica que es en definitiva la que cuenta, para que no se le paralicen sus grandes negocios. Y a fin de cuentas… ¿Qué importa desahuciar a una, dos, tres o media docena de abuelas para alimentar a los fondos-buitre?¿Qué importa cuando sabemos que «Dios no solo está de nuestra parte, sino que es nuestro y solo nuestro», qué importa…?
TXESKO C.