Eurovisión y geopolítica 

La verdad es que llevo unos cuantos días, o mejor, semanas, escuchando una y otra vez noticias sobre el famoso Festival de Eurovisión. Es algo que ni me va ni me viene (más bien se va) pero, aunque no queramos,  acaba introducido con calzador en nuestras cabezas. Es el festival de la canción más ideal, donde se supone que los países europeos (como su propio nombre indica, en principio) compiten presentando sus mejores temas y artistas. Espera, mmm, esto es así ¿verdad?, o al menos es la idea que siempre nos han vendido. Un formato televisivo de entretenimiento, felicidad y diversión. Donde no vemos nunca, o casi nunca, malas reacciones a las derrotas y donde todo es paz y amor. Esto es algo cuanto menos curioso en estos días en los que Israel asesina palestinos, mientras su representante en el certamen ondea la bandera de su país entre fuegos artificiales que se asemejan a las bombas que masacran a la población de Gaza.

Pero creo que está claro que aquí no importa demasiado la calidad de las canciones (a excepción de la presentada por Chiquilicuatre, esperpéntica maravilla musical donde las haya y que finalizó en un muy buen puesto para España. Juguemos un poco con la ironía). Todo tiene un trasfondo político, desde su origen.

El Festival de Eurovisión se gestó durante el año 1955 y su primera retransmisión tuvo lugar un año después. Nació después de la II Guerra Mundial, en el contexto de la Guerra Fría  y con un objetivo muy claro por parte de la OTAN: generar unión entre sus países miembros y atraer a otros posibles aliados, tejiendo y fortaleciendo alianzas políticas y militares. En principio en Eurovisión solo compiten los miembros de la Unión Europea pero, sin ir más lejos, este  año Armenia, Azerbaiyán, Georgia, Israel y Australia han competido en el concurso ¡qué curioso que lo hagan en este 2024 y en años anteriores!

Circula desde su creación una información según la cual su nacimiento habría tenido que ver con una iniciativa de tipo cultural a escala europea pero lo cierto es que la propia OTAN ideó, organizó y desarrolló por medio de varios expertos de su Comité de Cultura un pliego de documentos a partir de los cuales se establecían las condiciones para la puesta en marcha del concurso. Su nombre procede de la red de radio y televisión europea o «Eurovisión», que formó parte imprescindible de su creación.

Si hay algo que siempre ha funcionado entre la población es el pan y el circo, a través del cual los países, las organizaciones y las alianzas llevan a cabo desde hace siglos su propaganda ideológica de una manera no muy sutil, aunque para  una parte de la población se trate tan solo de un evento de grandes dimensiones con carisma y gran aceptación. Sin embargo resulta más que evidente que el festival adquirió desde el inicio una dimensión política explícita para favorecer la integración europea y los procesos de unidad supranacional. Todo estuvo y está perfectamente orquestado: vetos, expulsiones, reconocimientos, todo siempre coincidiendo con la situación geopolítica del momento y los intereses de los paises «mejores amigos». No sé si recordaréis cuál fue el país ganador el año pasado. Coincidiendo con la invasión de Ucrania fue precisamente este país el que obtuvo una abrumadora cantidad de votos, algo que iba mucho más allá de su calidad musical y la importancia de su puesta en escena. El hecho de que Israel haya participado este año con un tema conmovedor representado por una mujer de aspecto dulce y delicado, no es algo baladí. Solamente 3 países no otorgaron puntuación a Israel, que quedó en quinto lugar. Un blanqueamiento puro y duro de la masacre sobre los gazaties. Los muertos de Gaza no ven Eurovisión. 

España ganó el certamen en los años 68 y 69, en pleno régimen fascista y cuando el dictador había superado sus peores años de repudio internacional gracias a los queridos amigos americanos y sus bases y armamento instaladas en nuestro país. Por aquel entonces España buscaba mostrarse como un país moderno e industrializado ante las instituciones europeas y ante el mundo, con una economía estable y un lugar de atracción turística para una gran parte de los europeos y europeas. Era el momento justo y necesario para ganar Eurovisión y así fue, por pura casualidad, supongo.

En los años 70 hubo vetos entre Grecia y Turquía con motivo de la ocupación del Norte de Chipre, en los ’90 se adivinaba la desintegración violenta de los Balcanes. Serbia estuvo varios años sin participar en el festival mientras sus vecinos, que ya eran independientes, si podían hacerlo…

Y así cada año. Poco importa la calidad musical de los temas presentados. Se trata de un espectáculo representativo de la situación política de cada época donde se deja claro quienes cortan el pastel decidiendo ganadores y perdedores en función de intereses y estrategias.

Me atrevería a decir que es posible adivinar qué países quedarán en los mejores puestos en función del momento histórico que vivimos.

Este año lo hemos visto. Quizás el año próximo todo cambie así que permanezcamos atentas a lo que sucede a nivel mundial. ¡Seguro que acertamos posiciones!

Un artículo de @letiberebel

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