Llevamos tiempo viendo como el mundo del futbol cambia, como también cambian nuestras sociedades en una especie de dialogo constante y cambiante. Vemos a jóvenes con las camisetas de la selección marroquí por la calle, les vemos reunidos en sus bares o salones de té alrededor de aguas y té. Lucen por las calles sus banderas cuando nos eliminaron del mundial, frente a miradas indiscretas de los “nativos” con sus vestimentas de gala. Incluso alguno de ellos con un pensamiento de… ¡Qué falta de respeto! ¡Les damos trabajo y encima nos lo restriegan!
Hace unos meses cuando estuve en el programa del “que t’hi jugues” de Ser Catalunya se abrió un debate fuera de las ondas. Intentaban argumentar el motivo del por qué los jugadores que jugaban en los equipos europeos preferían jugar con marruecos, que jugar con sus selecciones de los países en los cuales jugaban con sus equipos europeos.
https://www.espn.com.mx/futbol/mundial/nota/_/id/11351809/donde-juegan-los-11-titulares-de-marruecos
Como europeos no entendemos el por qué estos jugadores quieren jugar en sus países de “procedencia”. ¿Por qué pongo procedencia? Muchos de estos jóvenes se pueden considerar ya nacionales o nativos, puesto que ellos ya han nacido aquí e incluso muchos de ellos son de tercera generación o cuarta. Pero hay algo que les hace sentirse que quieren volver a sus raíces.
Y ese es el motivo por el que escribo estas líneas. Soy un chico el cual tuvo que emigrar dentro de España, desde una ciudad de Castilla y León –aquella mal llamada España vaciada- y le ha tocado sentir en sus propias carnes lo que quizás hayan tenido que pasar también estos jóvenes. Muchas veces hemos sentido como que no somos de ningún lado. De que hagas lo que hagas, resetees tu cultura y tus formas, siempre vas a ser el de fuera. Cuando estás en el lugar de vivienda te dicen que eres de fuera y cuando vuelves a tu ciudad “natal” te dices que eres del otro lado… Nunca sabemos de dónde somos y menos de dónde venimos. ¿Pero sabéis salgo? La tierra tira: Sahara, Fez, Casa Blanca o Ciudad Rodrigo, uno intenta encontrarse como persona y sentir que tiene un lugar donde pertenecer.
Pero hay un problema en todo esto. Un problema que se da tanto dentro de nuestras fronteras como fuera de ellas. Intentamos que las personas las cuales “acogemos” reseteen sus mentes, se conviertan en uno más, hablen, se vistan y se comporten como los de aquí, y creo que nos equivocamos.
Porque la cultura primaria de tus padres en los primeros años de vida es muy importante. Cuando una persona se está formando, por mucho que intentes que se comporte de una manera diferente a su cultura primaria, dicha persona va a querer volver a esa cultura o esas formas primarias. Y si como sociedad no lo comprendes, tienes muchos puntos para que un joven se radicalice.
Vemos muestras de ello es muchos atentados terroristas en Francia, pero especialmente en los pasados atentados de las ramblas vemos como los terroristas en un momento del video dicen:
“Nos intentasteis comprar con vuestros trabajos…”
Aquí tenéis el video:
Pero viajemos a oriente, aquí os dejo un pequeño documental de unos jóvenes chinos en el que nos explican las vejaciones y los estereotipos por los cuales pasan y han tenido que pasar. También vais a ver reflejados muchas de las cosas que hemos ido desgranando en el artículo:
Pero volviendo a nuestros vecinos marroquíes. El problema de todo esto es la tierra prometida. Aquello que nunca han visto se convierte en ideal, frente al infierno que pueden llegar a vivir en los lugares donde viven habitualmente. Hacen del lugar de donde proceden como algo idílico, frente lo malo en el cual están viviendo y se sienten en sus colegios.
Y el resultado –más pacífico, lógicamente- es lo que vemos con los chicos de la selección marroquí. Jóvenes que no se avergüenzan de su procedencia, que la llevan con orgullo, e incluso se atreven a contradecir a los clubes en los que trabajan. Quieren jugar con su selección, aquella selección que fue de sus padres, de sus abuelos y llevarla con orgullo en la camiseta.
Porque quizás de esta manera nos damos cuenta que hay más futbol, y más vida fuera de nuestros ojos. Aquellos ojos que paran de mirar frente a las olas del mar mediterráneo, y no se dan cuenta que detrás de esas olas; que detrás de ellas llanuras castellanas hay más vida.
De mientras que ruede el balón.
De Rodrigo Trinidad Morán.