Política utilitarista. Objetivo: la felicidad

Te levantas a las seis de la mañana. Te sientas en el lavabo. Piensas que el mundo es una mierda. Mientras dejas a tus hijos en casa y te preparas un café, decides no ir a trabajar. Pero la hipoteca, los gastos de la niña y otros vicios varios te empujan a ir a la fábrica. Llegas al trabajo, te toca aguantar al jefe pesado que te explota por cuatros duros. Decides aguantar un poco más por las deudas que tienes. Decides también aguantar esos gritos de tu encargado. Murmullas y decides continuar aguantando por las deudas que tienes. Vuelves a llegar a casa, hoy te tocaba hacer horas extras para poder pagar las extraescolares de la niña. No puedes pagarte ni una cerveza con las colegas… ¿Te suena?

Decía Séneca sobre la felicidad:

“Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felices, pero al ir a descubrir lo que te hace feliz la vida, van a tientas, y no es fácil conseguir la felicidad en la vida, ya que se aleja uno tanto más de ella cuanto más afanosamente se la busque, si ha errado el camino, si éste lleva en sentido contrario, la misma velocidad aumenta la distancia.”

¿Quién nos ha dicho que tener una hipoteca o una propiedad es la felicidad? ¿Quién te ha negado una cerveza con tus colegas?

Después de esta entrada quizás un poco abrupta, vamos a calmarnos un poquito.

Una de las grandes virtudes de la política es poder cambiar la vida de las personas y una de las grandes virtudes -también, de ella- es cambiar aquella vida de las personas que no quieren cambiar absolutamente nada. En este tiempo que nos preocupa y que nos acontece, raro y exótico, la gran utilidad de la política es hacer el bien, y haciendo el bien podemos alcanzar la felicidad. La felicidad, ese bien tan preciado, pero tan dispar como siempre.

Dicen los utilitaristas, que el único objetivo de la política es llegar a hacer feliz al mayor número de personas y con ese objetivo evitar conflictos sociales, ya que eliminando los conflictos llegamos a la justicia. Una justicia igualitaria que la proporciona el estado y que tiene que garantizar su permanencia.

¿Cómo podemos llegar a la felicidad si tenemos tantos problemas?

Uno de los grandes problemas de las democracias representativas -como la nuestra- es que mientras dejas a otro el control de las cuestiones sociales. El ciudadano se pierde en sus problemas personales. Se encierra en sus asuntos privados y se desconecta de la vida política.

Decían los antiguos griegos que una persona que dejaba de lado los asuntos políticos, para centrarse en sus asuntos privados, era digno de llamarlo “cerdo” o “animal sin escrúpulos”. Porque decían que el summum de un griego era poder dedicarse y preocuparse de los asuntos públicos.

¿Pero cómo evitamos esta desconexión de la vida pública?

Realmente es muy fácil. Facilitando al ciudadano unas condiciones correctas para poder subsistir, y no tener que rendirse al mercadeo para poder obtenerlas.

De esta forma tendremos a ciudadanos con unas condiciones correctas de vida y preocupados por otros intereses que no sean los privados y los económicos.

De esta forma el ciudadano podría dedicarse también a los asuntos públicos. Ya que vería que la solución a sus problemas viene por parte del estado y que tiene que ser él mismo, el que garantice para él, y para todos, una vida correcta, plena y digna. Esto querido lector se llama patriota según las teorías republicanas. Una persona dedicada a los asuntos políticos, preocupada por el estado y que se encarga de ocupar aquellos lugares en los cuales –si él no los ocupara- los ocuparía otra persona con dudosos objetivos.

¿Parece una utopía no?

Pues bien, querido lector. Para nada es una utopía. Es, y puede ser una realidad. Y volviendo a la descripción del principio. Se puede optar por un estado que garantice la educación desde el nacimiento de forma gratuita. Un estado que te pueda proporcionar un lugar digno donde poder dormir y convivir. Un lugar donde poder trabajar, para poder pagar absolutamente todos los servicios. Solo es cuestión de que alguien en política tenga la decencia de poder proponer estos avances sociales en el debate político.

¿Porque tampoco es tan complicado hacerse unas cervezas con quien te dé la gana no?

A ver si a la derecha también se nos van a apropiar de la caña y la tapa. Porque mientras se está de tapas y de cervezas, no se está pidiendo una hipoteca. Porque mientras se está de cubatas, no se está haciendo horas extras. Porque mientras se está de cervecitas se está haciendo política. Porque mientras estás disfrutando de tus hijos, estas FELIZ.

¡A vuestra salud!

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