Ya nos conocemos desde hace bastante tiempo y todavía no os he hablado sobre el que, para mí, seguramente sea uno de los mejores directores de todos los tiempos. Lo mismo te hacía un guion de comedia perfecto como te dirigía una película bélica sin temblarle lo más mínimo el pulso. Los más duchos en la materia seguro que solo por el título habréis adivinado de quien os hablo, para los que no, amigos y amigas, las siguientes líneas van dedicadas al maestro Billy Wilder. Sin él, el cine no sería como lo conocemos actualmente.
El bueno de Billy nació como Samuel (el cambio de nombre vino después), judío polaco nacido el 22 de junio de 1906 en la pequeña ciudad de Sucha Beskidzka, actual Polonia y parte en aquel momento del gran Imperio Austro-Húngaro. Muy joven se trasladó a Viena junto a sus padres, estudiando allí la carrera de Derecho, la cual no le interesó y empezó a meter la cabeza en el periodismo. Así es como conoció al líder de la banda de jazz Paul Whiteman, el cual le abrió las puertas de Berlín y donde Wilder comenzó a hacer contactos en el mundo del show business. Llegando a trabajar de bailarín, el cine que pudo ver en aquel tiempo en Berlín marcaría su vida para siempre… cosa que todos deberíamos agradecer.

Tras estar un tiempo trabajando como periodista, escribiendo sobre crónica negra y deportes en los medios locales, probó suerte como guionista en la Universum Film AG, más conocida como la UFA, gran estudio alemán por el que pasaron todos los grandes nombres de la industria: Lang, Murnau, Sirk. También fue conocida como la gran artífice de la maquinaria propagandística de Adolph de la mano de Goebbels…
Ya que hablamos de este tipo, el ascenso al poder de Hitler, fue el motivo por el cual Billy abandono Berlín debido a su ascendencia judía. Su madre de hecho moriría en Auschwitz por este motivo.
Así, dio con sus huesos en París lugar donde debutó como director con “Mauvaise Graine” en 1934. Este mismo año emigró a EEUU junto al muy conocido Peter Lorre.
¡América allá va Wilder!
Sus comienzos en USA, como no podía ser de otra forma fueron difíciles. Lorre y Wilder vivieron juntos en estos inicios. Hasta que Wilder consiguió la ciudadanía estadounidense tuvo hasta que emigrar a México durante un tiempo. Nota mental para algunas personas: Hasta los grandes genios son inmigrantes.
Wilder comenzó a trabajar como guionista para la Paramount, lugar donde pudo colaborar con su maestro Ernst Lubitsch. No puede entenderse el cine de Wilder sin la influencia absoluta de Lubitsch e incluso diría yo que también a la inversa. Digo esto porque Wilder fue el guionista de Ninotchka (1939). Comedia romántica dirigida por Lubitsch en que la Garbo era su prima Donna. Fue famosa la publicidad de este film, puesto que Greta Garbo, conocida por sus papeles dramáticos, JAMÁS sonreía, cosa que sí hacía en esta peli. Así la publicidad no podía estar mejor hilada:

Aclamada por crítica y público, sino lo habéis hecho, no dudéis en verla. Toda una joyita. Para Wilder fue su primera nominación a los Oscar junto a Charles Brackett (gran colaborador de Wilder en el futuro, ya que desde 1938 hasta 1950, Wilder escribió muchos de sus guiones con él).
Tras Ninotchka, Wilder atesoró varios éxitos comerciales como guionista tales como “Si no amaneciera” de Mitchell Leisen (1941) y “Bola de Fuego” del gran Howard Hawks (1941), debutando como director con “El mayor y la menor” (1942) protagonizada por Ray Milland y Ginger Rogers (sin Fred Astaire en esta peli claro).
En 1944 estrenó su tercera película como director, “Perdición” (Double indemnity) con Fred MacMurray, Barbara Stanwyck y Edward G. Robinson. Para mí, uno de los mejores films noir que se han hecho nunca. Peliculón que introdujo el empleo de las voces en off, como narrador de la cinta, o la iluminación de las “persianas venecianas” y que le valió su primera nominación al Oscar al mejor director y guion y coescrita junto a Raymond Chandler ni más ni menos (que debutaba como guionista). Como curiosidad, se cuenta que Chandler odiaba a Wilder por su origen alemán y por tener mucho más oficio que él siendo más joven. Ya sabéis los dimes y diretes del dorado Hollywood.

Perdición también destacó por torear de forma magistral al entonces vigente Código Hays, ya que el adulterio era la base de este film (y de su novela homónima de James M. Cain), pero Wilder con su maestría lo hizo y de qué manera.
Apartando un poco el cine comercial, durante la liberación de los campos de concentración nazis en 1945, Wilder dirigió “Death Mills”, documental destinado al público germano, a fin de mostrar las barbaridades cometidas por el régimen nazi.
Poco después, Wilder consiguió su primer Oscar al mejor director y Mejor guion adaptado por la historia de Charles R. Jackson “Días sin Huella” (The last Weekend, 1945), film protagonizado por el gran Ray Milland, ganador también del Oscar a Mejor actor. La primera opción para los papeles protagonistas fueron José Ferrer y Olivia de Havilland para el papel que finalmente haría Jane Wyman (Ángela Channing, para el que sepa a qué me refiero). La peli ganó un total de 4 Oscar, siendo suyo también el de Mejor Película. Dicen las malas lenguas, que la idea de rodar esta peli surgió en el rodaje de Perdición y de la situación personal de Raymond Chandler, el cual, siendo ex alcohólico, volvió a beber tras el rodaje. Para mí una de las películas que mejor refleja el síndrome de abstinencia de un alcohólico. La escena de los bichos saliendo de las paredes, simplemente es espectacular, incluso hoy en día.

Cuando Hollywood pensó que era imposible ir a mejor, Wilder en 1950 dirigió y coescribió “El crepúsculo de los dioses” (Sunset Bulevard, 1950). Protagonizada por un William Holden en ascenso meteórico (mira que siempre me ha parecido a mi malo este tío y oye ahí le teníais) y a la ya madurita Gloria Swanson (estrella del cine mudo). Swanson interpreta un símil de ella misma en este film, Norma Desmond, antigua estrella del cine mudo que en la actualidad vive recluida en su mansión gigantesca y solitaria, cuya vida de otras épocas ya no se dejaba ver por ninguna esquina. Holden se mete en el papel de un aspirante a guionista, sin éxito, que encuentra en esta señora su modo para pagar las facturas, haciendo de chico para todo (gigoló vaya). Erich von Stroheim, actor y director clásico también aparece como asistente de Norma, en un papelón de los buenos. DeMille, Hopper e incluso Keaton, también hacen cameos por la cinta (todo un adelanto en la época).

Última película en que colaboraron Wilder y Brackett, fue un gran éxito de crítica y público. Una película narrada por un cadáver desde una piscina es imposible que no sea una maravilla.
No olvidar “Cinco tumbas en el Cairo” (1943) primera incursión en el cine bélico de Wilder y “Berlín Occidente” (1948) con Dietrich en su elenco.
En 1951, Wilder estrenó “El gran carnaval” (Ace in the hole), protagonizada por el inconmensurable Kirk Douglas, no fue un gran éxito en el momento, pero con el tiempo ha ido ganando importancia en la filmografía de Wilder. Supongo que pesó en este aspecto el hecho de que tuviera que indemnizarse por los derechos de autor a Victor Desny, el cual había contado la historia de la peli a la secretaria de Wilder. Cuando vio su idea en la pantalla, evidentemente surgieron algunas asperezas con la misma. Narra la historia de un periodista que, por azares de la vida, topa con una de esas noticias que pueden dar el salto nacional y convertirse en la historia que le haga reflotar su carrera. Si os suena, Álex de la Iglesia hizo una especie “remake” en “La chispa de la vida” en 2011.
Continuando la década de los 50, Wilder dirigió dos adaptaciones de Broadway: “Traidor en el infierno (Stalag 17, 1953), protagonizada de nuevo por William Holden, que ganaría el Oscar a mejor actor por esta maravilla de peli, en que hay que descubrir a un traidor dentro de un campo de concentración nazi y “Testigo de cargo” (Witness for the Prosecution, 1957), adaptación de un relato corto / obra teatral de ni más ni menos que Agatha Christie y protagonizada por Tyrone Power, Marlene Dietrich, Charles Laughton y Elsa Lanchester. Con este elenco y base argumental era imposible que fuera mal esta cinta de intrigas judiciales. Ambas pelis son de lo mejorcito que se ha rodado en la historia del cine. Así os lo digo.

También en esta década, centrada especialmente en las comedias, Wilder rodó «Sabrina» (1954), película romántica protagonizada por Humphrey Bogart, Audrey Hepburn y de nuevo por William Holden. Película típica que podría haber rodado su maestro Lubitsch. Tuvo un remake de Sydney Pollack protagonizado por Julia Ormond, Greg Kinnear y nuestro buen “Indy” Harrison Ford. Evidentemente no pudo hacer sombra a la original. A continuación, rodó “La tentación vive arriba (The seven year itch, 1955), la cual fue la primera vez que Marilyn Monroe apareció en una película de Wilder. Peli en la que un hombre de familia (Tom Ewell), se dispone a pasar el verano en solitario mientras su mujer e hijo están de vacaciones y se topa con su vecina sexy del séptimo. Pues os hacéis una idea. ¿Sabéis la icónica imagen de Marilyn y su falda levantada? De esta peli es:

«Ariane» (1957) junto a Audrey Hepburn, Maurice Chevalier y Cooper, dispuso de un humor menos simplón, contando la historia de Ariane que finge ser una mujer casada que busca diversión con un playboy (Gary Cooper ojo). Primera cinta en que colaboró con I.A.L. Diamond., guionista con el que escribió 12 comedias.
Tras ello, Wilder, cansado de triunfar en todo lo que tocaba, consideró hacer Slapstick (genero de cine consistente en la comedia física, o lo que es lo mismo, reírte cuando te lanzan una tarta a la cara o te dan un porrazo) junto al Gordo y el Flaco, pero finalmente no cuajó. Algo que, si parecía que iba a salir bien, fue una peli junto a los hermanos Marx, teniendo incluso título “Un día en la ONU”, pero tras la muerte de Chico en el 61, se abandonó el proyecto. No me puedo imaginar la maravilla que podría haber salido de ahí.

En 1959, United Artists lanzó una película icónica y que para mí es una de las 10 mejores películas de la historia “Con faldas y a lo loco” (Some like it hot) y ello sin la aprobación del famoso Código Hays debido al travestismo que en el film aparece (¡habráse visto!). Jack Lemon y Tony Curtis interpretan a dos músicos mal avenidos que tienen que disfrazarse de mujeres para huir de unos gánsteres que los persiguen. Sin querer presencian la famosa Matanza de San Valentín y claro tienen que poner pies en polvorosa. En su huida del gran George Raft (Spats Colombo), se infiltran en una banda femenina de música y el personaje de Curtis, Joe, y de Lemmon, Jerry, topan con Marilyn (Sugar Kane), enamorándose de ella locamente. Pero ¡ojo!, y aquí viene el problema y es que se infiltran como mujeres… De ahí que la situación sea cuanto menos complicada. Lemmon y su Daphne también tendrán que lidiar con Joe E. Brown (Osgood Fielding III), el cual es parte de la historia del cine con la frase que da título al film: Bueno, nadie es perfecto.
En cuanto a Marilyn y su mala relación con Wilder, y a pesar de que se cuenta que era un cerebro privilegiado, el propio Billy decía que: “Lo que me desesperaba era el hecho de que llegara siempre demasiado tarde y que solo pudiera retener sus textos con mucha dificultad. Con esos elementos de inseguridad se puede contar. Con lo que no se puede contar es con la inseguridad dentro de la inseguridad. (…) La escena en la que Sugar decepcionada y triste, acude a la habitación de hotel de Curtis y Lemmon y desesperada quiere volver a beber. Y solo tenía que decir «Where is the Bourbon?». Tuvimos que rodarla 65 veces. (…) Y empezamos a escribirle las frases en la puerta. Poníamos papelitos en cada uno de los cajones.»
Se desconoce realmente si esto fue así o no. No obstante, su relación volvió a ser adecuada y cordial, aunque no volvieron a colaborar en ninguna cinta.
Película en origen con fama de ligera en su humor, hoy en día es una obra cumbre del cine, precisamente por lo contrario, su humor ácido, mordaz y completamente magistral. Se dice que tiene un tempo tan perfecto como comedia, que el tiempo entre gag y gag es el ideal para mantener al espectador riendo (o sonriendo) durante todo el film. Completamente de acuerdo. Una lástima que las nuevas generaciones no sepan, en su mayoría, disfrutar con una maravilla así.
Su último gran éxito de esta década, aunque estrenada en 1960 fue “El apartamento”. Un boom tanto de público como de crítica, siendo el primer cineasta en ganar tres Oscar por un mismo film: Mejor película, mejor director y mejor guion original. Ahí es nada. Película muy maja en que se nos narra la vida de un oficinista que deja su apartamento a sus jefes para sus idilios extramatrimoniales. Sí, sí todo un defensor de los derechos de los trabajadores. ¿Qué pasa? Que se enamora de la ascensorista y ahí empieza la movida. Jack Lemmon, Shirley Maclaine y Fred MacMurray protagonizan este film que es todo un clásico de Wilder (¿Es que alguno no lo es?).

Ya en los 60, el flow de Wilder comenzó a flojear y aunque todavía quedaban grandes peliculones que estrenar, alguna que otra cinta más floja también apareció en escena. Así, estrenó en 1961 “Uno, dos, tres” frenética sátira política en que un director comercial estadounidense de Coca-Cola destinado en Berlín (un magnífico James Cagney) contempla como la hija de su jefe, la cual vive junto a él y su familia por imposición de su superior, se casa en secreto con un comunista del Berlín Oriental (un maravilloso Horst Buchholz). El rodaje se complicó mucho ya que justo coincidió con el levantamiento del muro de Berlín, motivo por el cual tuvo que crearse una Puerta de Brandeburgo en los estudios. Para mí, cinta brillantísima y con un humor fantástico. Para el público de aquel momento, no lo fue y la peli resultó un fracaso. Bueno, cosas que pasan. No hay que olvidar al ayudante de Cagney, simplemente hilarante.
Para superar esto, Wilder escogió a sus dos actores fetiche de El apartamento, Lemmon y Mac Laine como protagonistas de “Irma la dulce” (1963). Esta película narra la historia de un gendarme que se encuentra con una prostituta muy conocida en los bajos fondos parisinos y de la cual se convertirá en su “protector” debido a estos cambios de rumbo que el destino a veces nos prepara. Si ponéis cara a Lemmon, veréis como protector y él, son difíciles de encajar en una misma frase. Peli divertida y que fue todo un éxito, aunque completamente diferente de lo que en un inició se ideó sobre ella, puesto que se trataba de una comedia musical, de la cual solamente quedó una canción en todo el film.
“Bésame tonto” (1964) protagonizada por Dean Martin y Kim Novak, refleja el sueño americano y como una pareja pone su ilusión de reflotar sus vidas al aparecer por el pueblo en el que viven un famoso cantante. Inicialmente el papel protagonista lo interpretaba Peter Sellers que sufrió un infarto durante el rodaje y lo sustituyó Ray Walton, famoso cómico de la época. Ni por esas, ni por la aparición de Martin o Novak, consiguió la cinta arrancar. Peli floja, la verdad.
Pero entre tanta cosita rara, siempre aparece algo bueno. En 1966, Wilder unió por primera vez a una de las parejas cómicas más maravillosas de la historia del cine. Si no habéis visto ninguna peli de ellos, hacedlo o borrad mi número. Jack Lemmon se une junto al para mí, inigualable Walter Matthau en la peli “En bandeja de plata” (The fortune coockie), en una comedia que narra un accidente del camarógrafo Harry Hinkle durante la retransmisión de un partido de fútbol americano. Su cuñado, abogado marrullero, no tardará en ver la oportunidad de sacar tajada en esta película que sería la base para la confección de los personajes de Lemmon y Matthau a lo largo de varias películas posteriores. Lemmon como un personaje inseguro, infeliz y un poco tonto que se siente atraído por la confianza en sí mismo y seguridad del personaje de Matthau que siempre está rozando lo ilegal y el “jetismo”. La química de los actores con Billy fue innegable y repitieron proyectos juntos en “Primera plana” y “Aquí un amigo”.
En los 70, Wilder ya no tuvo la repercusión de antaño, y sus films tuvieron mucha menos importancia. “La vida privada de Sherlock Holmes” (1970), fracasó completamente en taquilla. Esta cinta alejada de la comedia y que nos presenta a un Holmes (Robert Stephens) completamente adicto a sustancias no legales, para mí tiene una visión del personaje poco tratada y muy interesante. ¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre? (Avanti!, 1972), comedia romántica protagonizada por Jack Lemmon, nos narra la historia de dos personas que descubren que su padre y su madre respectivamente estaban viviendo un romance y ante el cual se encontrarán en situaciones, como suponéis cuanto menos cómicas.
Todavía en 1974, Wilder dio un volantazo a estas críticas nefastas y estrenó “Primera plana” en la que Lemmon y Matthau dan vida a dos periodistas, jefe y empleado que demuestran que el periodismo de aquella época, era cuanto menos un poquito estresante y que cualquier oportunidad era buena para encontrar la portada del siglo. Remake de “Luna Nueva” (1940) de Howard Hawks, protagonizada por el maravilloso Cary Grant y de la anterior “Un gran reportaje” (1931) dirigida por Lewis Milestone. Muy buena película.

Por último, tenemos “Fedora” (1978) y “Aquí, un amigo” (1981). La primera intentó revivir el éxito del Crepúsculo de los dioses, sin conseguirlo aun contando con Holden de nuevo, en una historia con toques similares, pero que no tuvo tampoco la repercusión esperada, como tampoco la tuvo la siguiente, Aquí un amigo, que narra la historia de un asesino a sueldo que debe terminar con la vida de tres testigos clave para un juicio.
Debido a su avanzada edad, ya nadie quería contar con él para ningún film, motivo por el cual se dedicó a su otra pasión coleccionar arte. Murió en 2002 con 95 años y su propia lápida demuestra que los genios lo son hasta la sepultura.
Wilder trajo suspense, emoción y sonrisas al cine, pero sobre todo trajo inteligencia. Ser recordado por esto, creo que es una de las metas a las que todos deberíamos aspirar. Como dijo Fernando Trueba al recibir su Oscar a Mejor película de habla no inglesa en 1993 con Belle Époque:
«Quisiera creer en Dios para darle las gracias, pero sólo creo en Billy Wilder, él es mi verdadero Dios. Gracias, Mr. Wilder».
Ved su cine y habréis vivido algo que no se puede dejar pasar. Ved su cine y habréis sentido la magia del cine en su máximo esplendor.

No obstante, recordad, que nadie es perfecto, así que, vosotros mismos.
Gracias, Mr. Wilder.
Con todo su cariño y desde el Hollywood dorado, os trae, como siempre este cóctel José Vera Martín.
