EDUCACIÓN INCLUSIVA: ¿UTOPÍA O REALIDAD?

Hoy, 5 de septiembre, todos los alumnos y alumnas del sistema educativo vuelven a la escuela. Allí volverán a encontrarse con sus amigos y amigas, con sus profesoras y con esas mochilas llenas de motivos, miedos e ilusiones tan personales.

Como profesora de educación especial, me conviene decir que estos niños y niñas estarán educados en la escuela dentro de un marco de inclusión educativa. Inclusión educativa; una palabra que hemos escuchado muchas veces y tan difícil de definir.

El método inclusivo nace, entre otras cosas, con la aparición del término de Necesidades Educativas Especiales. Ahora bien, ¿qué es esto todo esto de la inclusión y de las NEE (Necesidades Educativas Especiales)?

La inclusión proclama que los sistemas educativos tienen que diseñar programas que respondan a la amplia variedad de características y necesidades de TODOS los alumnos/as. El objetivo es preparar, mediante el tratamiento educativo, a todos los niños y niñas para que se incorporen a la vida social de la manera tan plena como sea posible en cada caso. La INDIVIDUALIZACIÓN del aprendizaje es, en estos casos, una estrategia de adaptación inclusiva para los alumnos con NEE. Abordando igualmente la valoración y orientación educativa, el refuerzo pedagógico y otras atenciones personalizadas. La respuesta educativa específica para los alumnos con NEE se recoge así en los artículos 36 y 37 de la LOGSE:

Artículo 36 (En resumen)

  1. El sistema educativo tiene que disponer de los recursos necesarios para que los alumnos/as con NEE puedan conseguir dentro del MISMO SISTEMA los objetivos establecidos con carácter general para todos/as los alumnos/as.
  2. La identificación y valoración de las NEE se tienen que llevar a cabo por equipos integrados por profesionales de diferentes cualificaciones.
  3. La atención al alumnado con NEE se tiene que regir por los principios de NORMALIZACIÓN.

Así, se propone que No sea el alumnado el que se tenga que adaptar a las exigencias del sistema educativo, sino que sea el sistema educativo quien se adapte a las necesidades de cada alumno y alumna (presenten o no NEE).

 Ahora bien, una de las grandes críticas del sistema inclusivo que aquí hemos definido brevemente es la utopía educativa que probablemente se esté exponiendo; ¿Cómo puede individualizar una maestra el proceso educativo para cada alumno/a dentro de una clase de 25 niños y niñas? ¿De dónde puede sacar el tiempo para tratar a cada uno/a como seres únicos y especiales en sí mismos? (cosa que, efectivamente son, pero tema que es imposible abordar en clases masificadas y, en la mayoría de casos, con escuelas públicas sin los suficientes recursos económicos para contratar a todos los profesionales que debiera).

Como educadora especial, el término de Inclusión me encanta, pero tristemente, al estar en pie de guerra dentro de un aula, veo la realidad de ella; y es la dificultad para poder poner en marcha todas acepciones que representa. Me encantaría poder dedicarle el tiempo individualizado que merece cada uno de mis alumnos y alumnas, pero muchas veces el sistema solo utiliza las palabras para llegar allá donde sus actos se quedan cortos.

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