Estos últimos días, en diversos medios y redes, unos buenos amigos han hecho oportunos recordatorios sobre eso que venimos llamando (y bien llamado) “la España Vaciada”. Fijaos bien en el participio: “vaciado”, que significa acción y efecto de vaciar. Yo especificaría que la han estado vaciando sin miramientos. Quienes se marcharon (y aún se marchan, por desgracia es así) lo hicieron obligados por motivos bien sabidos, tales como la ¿decisión? ¿amenaza? de inundar terrenos con la velada (o evidente) motivación del pelotazo o la comisioncita (muchas veces para nada, y si no ahí tenéis el ejemplo de Jánovas en Huesca) o más frecuentemente porque el bacalao de las actividades laborales que permitían escapar de la ruina, para recalar a menudo en la precariedad, se cortaba en los lugares que todos conocemos como mínimo de oídas; todavía hoy, la chavalería que se va a los centros urbanos para estudiar ve que regresar después al pueblito apenas tiene recorrido; lo normal es no volver. Y si la gente joven desaparece los pueblos se mueren.

Antes de continuar, debo advertir que hay personas que viven en esos entornos “menos-poblados” a quienes no les gusta la denominación de “España Vaciada”; algunas de estas buenas gentes son vecinas y vecinos míos y dicha etiqueta les parece peyorativa, les da la impresión de que si la usamos nos mostramos como personas acomplejadas. Pues yo lo lamento mucho: por mi parte, nada de paños calientes, nada de eufemismos, nada de vaselina… de verdad, lo siento, pero creo que cuanto más duro y contundente sea el lenguaje a emplear sobre esta auténtica desgracia, tanto más y mejor se nos escuchará. Así que en lo que a mí respecta, aun admitiendo el derecho a discrepancia y réplica, ¡faltaría más!, lo escribiré incluso gritando: LA ESPAÑA VACIADA.
Un poco más arriba he mencionado la provincia de Huesca, hermana de Teruel, hermana pobre (pero menos) de Zaragoza, prima-hermana de Soria, e hijastra de Madrid como lo era la Cenicienta. La comarca donde vivo es muy semejante en extensión a mi provincia de procedencia (Bizkaia) siendo la primera incluso ligeramente más grande que la segunda; pero eso sí: ¡100 veces menos poblada! No digo que una comarca con esas hectáreas deba tener un número similar de habitantes al que encontraríamos en las provincias de Gipuzkoa, Bizkaia o Pontevedra, por citar aquellas con una superficie parecida; sí digo que es inútil e inoperante (cuando no hipócrita) celebrar congresitos muy monos, con mucho figurante guapetón y guapetona, mucho blablablabla, para no ir más allá del puro y duro escaparatismo de cartón piedra, sin suscribir compromisos ni plantear soluciones realistas aparte de los intentos realizados por quienes, de forma particular e incluso heroica, se arriesgan a desarrollar un proyecto de vida en esos lugares vaciados y dejados de las manos de dioses, diosas, diosecillos, diosecillas, politiquillos y politiquillas.
Las buenas gentes de Soria, Teruel, Cuenca… (en fin, la lista oficiosa, que debería ser oficial, asciende a 23 provincias) saben muy bien qué es eso de la España Vaciada y están cansadas de vanas promesas y de sujetos con carguito que aparecen por allí para hacerse la foto y tratar de arrancar ese puñado de votos (¡ojo!: ¼ del Congreso de los Diputados, que no son muchos pero pocos tampoco). Por mi parte y sin cansaros con fríos datos y estadísticas (hay gente más preparada que yo para hacerlo bien) puedo referirme a alguna información de primera mano que sí manejo: entre las comarcas de Sobrarbe y Ribagorza (Alto Aragón) suman más de 200 los núcleos rurales abandonados. ¿Motivos? Citaré varios como complemento a lo ya mencionado en el primer párrafo: los precios ruinosos que el implacable mercado les ha ido asignando a los productos agrícolas y ganaderos autóctonos (pese a ser de una calidad insuperable); las pésimas comunicaciones y la falta (o ausencia total) de servicios… ¿Podéis entender que en una superficie equivalente a las provincias de Gipuzkoa y Bizkaia juntas y una población estimada de 20.000 habitantes, no tengamos pediatras en ninguno de los centros de salud (que los hay y gracias…)?. Quienes atienden a los niños son en realidad médicos de familia, entregados a su trabajo al cien por cien y que cuentan con mi respeto, admiración y gratitud… pero no son especialistas. No creo que a fecha de hoy haya sido subsanada esta “anomalía”; os aseguro que me encantaría ser corregido, que alguien me dijera: “¡Txesko, te equivocas; ya está arreglado!”
Pues eso: la España desequipada, la España arrinconada, la España postergada, la España permanentemente aplazada, la España ignorada… Tengo más, si queréis. A todo esto… ¿qué hay de aquello que se dijo sobre “apostar firme y decididamente” por el teletrabajo, tan cacareado durante los peores meses de la pandemia, confinamiento incluido?¿Alguien sabe algo….? Yo, por recordar dicha declaración de intenciones, he tenido la ocurrencia de dejar caer eso de la calidad de vida en el medio rural, la tranquilidad, eso de que las trabajadoras y trabajadores que curran en un entorno agradable rinden más, y esas cosas… Bueno, pasando de puntillas sobre posibles soluciones, yo ahí dejo esa perla. Vamos ahora con lo peor de lo peor, y para ello os ruego que avancéis hasta el siguiente párrafo, después de este punto y aparte.
La España Vaciada en realidad no interesa, no vende, vota pero poquito… La España Vaciada no atrae a los grandes holdings, ni siquiera a las grandes mafias. Por tanto esa España carece de interés verdadero para la clase política más postulante de este desdichado país tan bonito y que tantas posibilidades tendría, más allá de estraperlos con cobertura legal, especulacionismo vil y miserable, señoritismo de caza y pesca, cortoplacismo, avaricia y codicia. Hace décadas que somos importadores de productos agroalimentarios en grandes cantidades… Seré muy ingenuo, tal vez lo sea, pero tengo muy claro que importaríamos mucho menos en ese sector si a quien le debería importar lo importante le importara de verdad (y os pido disculpas por el burdo juego de palabras) y no les concediera tanta importancia (prerrogativas, impunidad, cobertura…) a los intermediarios que importan esos (y otros) productos tan importantes. Últimamente se ha planteado la posiblidad de construir parques eólicos y acumular placas solares apelando solo a criterios de mercachiflismo salvaje y feroz (y recordemos, ya que estamos, “lo” de las autopistas eléctricas.) Vinieron a decirnos, incluso gritando: “¡Os ofrecemos esto… no entendemos qué queréis!”. Sobre estos asuntos “tan buenos” ya hemos manifestado aquello de: “¡NO!: así, no”. Pero claro, ¿cómo lo dijo aquel político a quien luego tanto se le vio el plumero…? ¡Mecachis…! Ah, sí: “¡Es el mercado, amigo!” ¿Os suena…?
Con cariño y esperanza… (…de momento)
TXESKO C.