No podemos estar completamente seguros de que el sol volverá a salir mañana. Por tanto no esperemos hallar una respuesta segura acerca de la divinidad. Todo es cuestión de fe como sentimiento fuerte, de creencia como pensamiento débil, o de la ausencia de ambas sin posibilidad de ir más allá. Dicho esto, me parece ahora de suma importancia que aprendamos a distinguir entre creencia y fe… porque aunque ambos conceptos (o “sentires” si lo preferís) tienen un aire de familia no son lo mismo. Ocurre que, en ocasiones, usamos mal el lenguaje. Vamos a ver si consigo explicarme pues.
Hubo un tiempo en que necesitábamos creer en Dios para creer en nosotros mismos. Hoy no necesitamos creer en Dios; pero igualmente, y con toda legitimidad, podemos elegir creer. Y por supuesto, podemos optar por la vía de la fe. La creencia empieza por ser una actitud en la que podríamos llegar a estar dispuestos a ocuparnos de un espacio mítico; y de hecho lo estuvimos todavía no hace tanto tiempo. En cambio la fe tiene mucho de rendir pleitesía a un tipo de mito determinado. Es capital que comprendamos esto: que mito y espacio mítico tampoco son lo mismo. Podemos dedicarle un artículo a este particular más adelante, si os parece oportuno.
Reconsideremos ahora, y por un momento, lo que nos dice Ortega sobre las ideas y las creencias: “Las ideas son pensamientos que se nos ocurren: las-tenemos. Las creencias no las tenemos, sino que las-somos”. Me atrevo a apostillar que el ámbito de la creencia es el mismo que el de la necesidad en un doble sentido: el de la inevitabilidad y el del recurso a optar a una cierta seguridad en nuestras vidas o al menos desearla. Para bien o para mal no podemos sustraernos a la creencia… ¡pero es que tampoco queremos hacerlo!
Siempre me fascinó la paráfrasis de Unamuno acerca de la fe vinculada a la creencia, donde revisa el aserto según el cual la fe sería creer lo que no vemos y lo transforma diciendo que la “fe es crear lo que no vemos”. El planteamiento unamuniano supera en potencia al enunciado original; la fe es algo más que creer en eso que no somos capaces de ver: la fe responde a un proceso de construcción, aunque el constructo resultante pueda llegar a ser un monstruo.
¿Y qué pasa con la ciencia? La ciencia no solo es verificación o, más recientemente, ausencia de falsación, doxa no refutada, podríamos asegurar siguiendo la línea de Karl Popper; es también creencia. El hecho de que las ciencias experimentales estén explicando fenómenos que antes no comprendíamos nos induce a creer que, algún día, lo explicarán absolutamente todo. En este sentido la creencia tiene referencias de tipo material. Pero la fe anclaba su referencia, según nos habían contado, en lo espiritual. Y no importa si consideramos “espíritu” como un mero concepto; lo que importa, precisamente, es su inmaterialidad aun a costa de su inexistencia. Por eso la fe es fe. No hace demasiado tiempo, una persona a quien aprecio muy especialmente rechazaba el sentimiento religioso por lo que este tiene de irracional, afirmando por contra que “tenía una total fe en la ciencia”; no sé si fue del todo consciente del contenido de su afirmación, pero si lo analizamos con un poquito de detenimiento repararemos en algo crucial: la fe en la ciencia es algo que se tiene normalmente en función de los logros que ha conseguido y esto, en mi opinión constituye un error de base y de actitud: habría que tener fe en la ciencia, no por lo que ha logrado sino precisamente por lo que sería capaz de llegar a conseguir, que es algo muy distinto y mucho más honesto con la auténtica relación entre nosotros y el quehacer científico. Podéis llamarlo “confianza” en lugar de “fe” si os gusta más así, si preferís “deconstruir” el concepto-fe y subsumirlo en el concepto-confianza… pero puedo aseguraros que haciéndolo no os habréis movido ni un milímetro de la posición “primitiva”.
En lo que a mí respecta, naturalmente quienes me conocéis bien sabéis que ya han pasado muchos años desde mi renuncia definitiva a la fe (de hecho todavía era un niño). Eso es lo que me sostiene y me anima a seguir reflexionando: mi total falta de fe, mi confianza en la duda y asumir que soy perfectamente capaz de vivir muy cómodamente instalado en la finitud. ¿Pero Creencias…?¿Cómo no tener creencias…? No sería humano si no las tuviera.
Con cariño,
TXESKO C.
LA FE, LA CREENCIA, DIOS Y LA CIENCIA