Nadie duda de que los grandes pensadores han sido igualmente grandes escritores; ciertamente unos más amenos que otros pues hay quienes, a pesar de mostrar una gran pericia en el uso del lenguaje evidenciada en un descomunal dominio del léxico, son tan áridos como el Kalahari. Verdad es también que literatos de enorme prestigio resultan, al menos para mí, excesivamente densos o (directamente) más pesados que dormir un cerdo a besos… Seguro que si entre ellos incluyo a Marcel Proust habrá quien se lleve las manos a la cabeza; y aunque reconozco el mérito de alguien capaz de escribir varias páginas explicando con todo lujo de detalles las vueltas que da en su cama mientras intenta dormirse, no puedo evitar sentir un aburrimiento abrumador cuando me enfrento a semejante tipo de lecturas. Con todo mi respeto hacia esas literaturas, donde sin duda hay una gran carga filosófica (los filósofos admiradores de Proust son legión) yo prefiero a quienes explotaron otras vías y en esa dirección irá este breve artículo, siendo consciente de que podrían aparecer otros nombres, otras obras y que el tema admite muy diversos planteamientos y puntos de vista.
Posiblemente el primer gran filósofo-literato fue Platón quien, como es sabido, escribió su obra en forma de diálogo construyendo ricos y variados personajes para escenificar el debate filosófico. En alguna ocasión mis alumnos me salieron con aquello de “¡Uf!¡Tiene que ser una chapa tremenda…!” . Al poco rato se desternillaban de risa, cuando les leía en voz alta ese famoso pasaje de “El Banquete” donde aparace Alcibíades borracho como un cuero y sujetando por el pescuezo una gallina desplumada, a la cual pretendía usar como ejemplo para rebatir cierto punto de vista sobre el concepto de “hombre”.
Antes que Platón, y esto lo sabemos porque se han podido rescatar fragmentos aunque no textos íntegros, los principales filósofos presocráticos escribieron sus pensamientos en forma de poemarios (casi todos ellos en hexámetros). Quizá los casos más relevantes sean el solemne Parménides y el oscuro y oracular Heráclito, su antagonista. Pero ahora me vais a permitir que dé un larguiiiiísimo salto hacia adelante en el tiempo, pues a mi entender los vínculos más potentes entre filosofía y literatura se producen sobre todo a partir del siglo XIX.
Un gran poeta-filósofo, Nietzsche, consideraba el aforismo y la metáfora más adecuados que cualquier otro recurso del lenguaje para dar cuenta de lo que es caótico e irracional por naturaleza: la vida. Así, por citar solo un ejemplo, yo os recomiendo encarecidamente la lectura de su pequeño pero delicioso poemario “Canciones del Príncipe Vogelfrei” (en especial la pieza que lleva por título “Al Mistral”)
Célebres fueron, y casi recientes, las hazañas literarias de dos grandes representantes de las llamadas “Filosofías de la Existencia” (denominación más ajustada y precisa que “existencialismo”) Jean-Paul Sartre (“La Náusea”) y Albert Camus (“El Extranjero”); ambos galardonados con el Nobel, Sartre lo rechazó por una cuestión de principios. Tanto el uno como el otro, además de excelentes prosistas, también fueron magníficos autores teatrales (así: “Calígula”, “Los Justos” y “El Malentendido” de Camus; “Las Moscas”, “El Diablo y Dios”, “La Puta Respetuosa” de Sartre). A la misma altura que ellos estaría Simone de Beauvoir, inolvidable autora de “La Mujer Rota” y uno de los pilares fundamentales del feminismo (“La invitada”,“La Sangre de Otros” y Los Mandarines”, con la que recibió el Premio Goncourt.)
En España, por supuesto, está Ortega. Pero por encima de cualquier otro hubo un escritor, sobre todo (aunque no solo) novelista, llamado Miguel de Unamuno que reflejó como nadie los aspectos más trágicos de la condición humana (Abel Sánchez, La tía Tula, San Manuel Bueno mártir, Niebla…)
Si fue Unamuno el primer gran maestro que se atrevió a establecer un diálogo (tremebundo, por cierto) entre un personaje y su autor, quizá quienes se lleven la palma haciendo metaliteratura serían por un lado el italiano Luigi Pirandello (novelista y dramaturgo) con “Seis personajes en busca de autor” o la celebrada y muy recomendable “Así es, si así os parece”, que vincula en clave literaria y de forma magistral el subjetivismo con la fenomenología; y por otro el siempre genial Jorge Luis Borges, de quien yo destacaría muy especialmente una colección de relatos agrupados bajo el título de “Ficciones”.
En general casi toda la buena literatura lleva inserta una invitación a la reflexión, muy a menudo sobre cuestiones morales pero también de índole política u orientada incluso al campo de la estética. También, cómo no, encontramos literatos que, no siendo filósofos profesionales, han adoptado posturas críticas tan originales como expresivas relacionadas con algunos de los grandes hitos de la filosofía ¿Qué decir, por ejemplo de la archiconocida sentencia cartesiana “Pienso luego existo”? En lo que a mí respecta, no he encontrado respuesta más certera y a la vez profunda que la ofrecida por Milan Kundera: “la afirmación de Descartes es típica de quien subestima un dolor de muelas: siento luego existo me parece que se acerca bastante más a lo que es en realidad la vida”, aseguraba el autor de “La Insoportable Levedad del Ser”, acaso una de las más brillantes joyas de la literatura posmoderna.
Fue nuestra María Zambrano, una pensadora por la que siento especial devoción, quien insistió de una manera más vehemente y yo diría que totalmente acertada en el fuerte vínculo existente y hasta indisoluble entre lo lírico y lo filosófico. Ya en su brillante ensayo de 1939 “Filosofía y Poesía” nos regala un adelanto de lo que ha sido sin lugar a dudas su mayor aportación a la historia del pensamiento; la Razón Poética.
Anna Ajmátova, rusa de origen tártaro nacida cerca de Odessa, es un caso singular y llamativo por estar inscrita en un movimiento literario conocido como acmeísmo (también llamado adanismo y clarismo e incluso neoclasicismo poético.) El acmeísmo, del griego acmé=cumbre, apogeo, se caracterizó por una vocación realista próxima al objetivismo que abominaba de lo hermético, rechazando el simbolismo e incluso eliminando la metáfora como recurso. Surgió como corriente a comienzos del siglo XX en paralelo con la filosofía analítica y pretendió como ésta atender “a lo que sucede de hecho” aunque desde el ámbito de la poesía. Hubo quienes criticaron al acmeísmo y lo acusaron de provocar una “desertización”en la lírica reduciédola a un epifenómeno de la filosofía; sin embargo, lejos de todo reduccionismo empobrecedor en el lenguaje, Ajmátova nos dejó algunas de las páginas más bellas de la poesía universal en obras como “La bandada blanca”, o “Poema sin héroe”.
Para ir terminando, permitidme que os sugiera unas poquitas obras literarias y teatrales, aparte de las ya citadas, cuyo contenido filosófico tiene a mi juicio bastante interés:
Novela: El sobrino de Wittgenstein (Thomas Bernhard); Crimen y Castigo (Fiódor Dostoievski); Padres e Hijos (Iván Turguénev); El Túnel (Ernesto Sábato); Nada (Carmen Laforet); El manantial (Ayn Rand); Bajo la Red (Iris Murdoch).
Poesía: El Matrimonio del Cielo y del Infierno (William Blake); Ocre (Alfonsina Storni); Lagar (Gabriela Mistral); Sombra del Paraíso (Vicente Aleixandre.)
Teatro: Turandot, o el congreso de los blanqueadores (Bertolt Brecht); La fundación (Antonio Buero Vallejo); Aquí no paga nadie (Darío Fo).
¿Una propinilla…? Ahí van, en orden cronológico, unos cuantos nombres que son conexiones muy poderosas entre la literatura y la filosofia (seguro que se os ocurren algunos más): Sófocles, Eurípides, Aristófanes, Ovidio, Petronio, Lucio Apuleyo, Agustín de Hipona, Dante Alighieri, Geoffrey Chaucer, Michel de Montaigne, William Shakespeare, John Milton, Johann Wolfgang von Goethe, Mary Wollstonecraft, Mary Shelley, Virginia Woolf, Oscar Wilde, Franz Kafka, George Orwell, Aldous Huxley, Samuel Beckett… y últimamente Umberto Eco, Fernando Savater y Slavoj Žižek.
TXESKO C.
BREVE APUNTE SOBRE FILOSOFÍA Y LITERATURA
muy bueno el articulo, como siempre
En estos temas ando algo pez, jejeje
Supongo que literatura y filosofia casi siempre han ido de la mano, de alguna forma.
Muchas gracias por el comentario, Cristina. Sí, ciertamente la filosofía y la literatura son (en mi opinión) inseparables y es frecuente que se solapen. Es lo que he intentado mostrar en este artículo.
Gracias Pepito por el artículo. Que lo comparta José Manuel Dorado es significativo para mi Me has descubierto a la poeta tártara Anna Ajmatova ni la conocía ni tampoco su movimiento poético. por lo que leo el stalinismo se ensañó con ella y su familia. Buen vino y mejor jamón en lataska. Un abrazo.
Muchas gracias Pepe! Solo por cómo me llamas se quien eres ajajaja. Pero el artículo no es mío! La filosofía en la Taska la llevan dos compis y en especial Txesco! Esto es todo mérito suyo! Muchas gracias por leernos!
Jejeje… Pues me sumo al agradecimiento por leernos. Eso nos anima a continuar. Un fuerte abrazo.